12 may 2013

“The Shock Doctrine”. Michael Winterbottom y Mat Whitecross (2009)

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Shock textil

Un sonido afilado que penetra brusco en mi sueño, me hace dar un salto en la cama. Dormía. Son las 3 de la mañana. Sin encender la luz me guío a oscuras con mi sistema de telemetría mental, cimentado en las observaciones del día a día. Me detengo. Escucho atentamente aún dormido, sin duda es el teléfono. Voy raudo hacia él. Me doy un golpe seco en la rodilla contra la más compacta de las mesillas. De los que duelen. De los que te dejan un dolor sordo sobre el hormigueo de la pierna que arrastras entumecida. El teléfono no para de sonar en un crescendo angustioso para las 3 de la mañana. Busco a ciegas el interruptor de la luz. Mi mano gatea ágil por la pared. El teléfono sigue sonando. Se despierta mi hija con los ladridos del perro del vecino. Se despiertan los vecinos. Los oigo quejarse. Descuelgo el teléfono.

Sobre un fondo de trajín, gritos y sirenas creo entender que me habla Shahinul Islam, portavoz militar del Ejército de Bangladesh desde Dacca. En un perfecto bengalí me cuenta “Esta noche hemos recuperado 32 nuevos cadáveres entre los escombros del Rana Plaza, cuéntalo, díselo a la gente”, yo le escucho sin plantearme ni siquiera la razón por la que le entiendo, “tú escribiste hace poco en Estudios sobre la gran Corporación, cuéntales de nuevo, aquí las operaciones de rescate siguen durante las 24 horas del día sin cesar a cargo del Ejército, de los bomberos, voluntarios de la Media Luna Roja y varios expertos técnicos, pero van más de 500 trabajadores muertos, mutilados entre los escombros y se cree que unos 400 trabajadores más siguen desaparecidos sepultados entre las ruinas. La policía el día anterior del derrumbe les dijo que dejaran el edificio por su seguridad porque había varias grietas, pero alguien les amenazó con quitarles el salario si no iban a trabajar, aún no se sabe quién entre tanta confusión. Creemos que había un empresario español implicado, quizás tú desde allí puedas saber algo más. Cuéntalo, es necesario contarlo para escapar de este tremendo shock.

En el año 2009 se estrenó mundialmente la película documental “La doctrina del shock” de Michael Winterbottom y Mat Whitecross. La película sigue el hilo de un libro de mismo título, obra de la periodista y activista canadiense Naomi Klein, que también es la conductora de la película ya que la cámara le acompaña por todo el mundo en las conferencias que imparte para explicar los diversos aspectos de su teoría. Naomi Klein llama doctrina del shock al saqueo sistemático de lo público tras un desastre, cuando la gente tiene demasiadas preocupaciones diarias para proteger sus intereses. Para luchar contra la doctrina del shock, el primer acto de resistencia es impedir que borren la memoria colectiva. Nuestra memoria.

El reloj digital de mi mesilla marca las 02:59 de la madrugada en grandes números verdosos fosforescentes que se leen sin esfuerzo en la oscuridad. Lo miro fijamente durante 60 segundos eternos hasta que caen las 3 de la mañana. En el mismo instante suena el teléfono ahogado entre mis manos, oculto dentro de la cama. No sé por qué lo sabía. En la habitación oscura me llevo el auricular al oído y escucho el silencio a miles de kilómetros. Nadie dice nada. En un perfecto bengalí que no sé por qué no me sorprende articular, me atrevo a romper el silencio: “¿imagino que es usted Shahinul Islam?”. Una larga pausa de prudencia y misterio, “sí, soy Shahinul Islam, mira, aquí hay mucha confusión pero también mucha alarma social, ya han encontrado a más de 800 muertos entre los escombros del Rana Plaza, la policía ha detenido en Benapole al propietario del edificio derruido que intentaba cruzar la frontera con la India. Según el juez de instrucción el edificio fue destinado en su día para uso comercial, no para instalar en él 5 fábricas textiles con maquinaria pesada. Imagínate, la administración había detectado grietas en el edificio los días anteriores al derrumbe y había ordenado su desalojo. Pero el edificio no se vació, sino que las grietas aumentaron con la vibración de cuatro potentes generadores que ocupaban el techo del edificio para poder seguir trabajando pese a los cortes eléctricos. El epicentro de las vibraciones se trasladó de los generadores al centro del edificio con la vibración sostenida de miles de máquinas de coser al unísono. En el momento del derrumbe más de 3.000 personas estaban trabajando en el edificio. Es un gran desastre. O mejor dicho, es un enorme crimen. No dejes de contarlo.”

Un estado de shock no sólo ocurre cuando nos pasa algo malo, también cuando nos desorientamos, cuando perdemos nuestra historia, nuestro relato. En “La doctrina del shock” nos hablan de dos épocas bien marcadas por dos economistas, Keynes y Milton Friedman. La primera nace con la gran depresión del 29 y la implementación de las políticas del New Deal y su plan de empleo público a gran escala, continuado después tras la guerra con el plan Marshall. La segunda etapa comienza a dibujarse en Montreal en 1951 con las investigaciones de aislamiento extremo, electroshocks, borrado de la mente y reprogramación del individuo que pronto fueron puestas en práctica por la CIA. Pero su verdadera fecha de puesta en práctica sobre la realidad fue durante la dictadura de Pinochet en Chile a partir de septiembre de 1973. Milton Friedman fue un gran opositor al New Deal, pero en aquel momento sus ideas de desregulación del capitalismo eran minoritarias en todo el mundo. El cambio de paradigma y la creciente influencia de Milton Friedman y su Escuela de Chicago comenzó a advertirse al final de los años 60. El Departamento de Estado de EEUU, presionado por las empresas estadounidenses con intereses en Sudamérica, promocionó a infinidad de jóvenes sudamericanos estudiantes de economía para que cursaran el doctorado en la Universidad de Chicago. De allí saldrán generaciones enteras de economistas ultraliberales que formarán parte de los cuadros de gobierno sudamericanos que apostarán por desregularizar el mercado. Son los conocidos como Chicago Boys. Sus tesis, como nos mostrará la historia desde el Chile de Pinochet, la Argentina de Videla, la Gran Bretaña de Thatcher o la Rusia de Yeltsin, no buscan el triunfo por medio de la democracia, vencen, dominan, aniquilan por medio de shocks, crisis, golpes de estado, guerras…

Suena de nuevo el teléfono. Sé que es el teléfono pero el sueño me puede, no me deja despertar. El eco del sonido del teléfono atraviesa la membrana externa del sueño y la voz de Shahinul Islam se convierte en un elemento más del mundo onírico. Estoy sobrevolando Dacca. Planeando me acerco al suburbio de Savar donde un gran edificio derruido dibuja la escenografía tras un bombardeo. Podría ser perfectamente Irak o Afganistán pero es Bangladesh. Shahinul me susurra en pleno vuelo: “Ya son 1.038 los muertos encontrados entre los escombros del Rana Plaza. Unos 2.500 heridos han sido rescatados entre los cascotes del edificio. Pero aún quedan un centenar de desaparecidos. Tras el incendio y el derrumbe del inmueble los médicos forenses tratan de identificar nuevas víctimas con pruebas de ADN. ¿Hasta cuando seguirá la impunidad? Por favor tira del hilo del empresario español huido.

“La doctrina del shock” nos muestra que pese a haber pasado 30 años del Chile de Pinochet al Irak invadido por EEUU hay similitudes increíbles entre los campos de concentración de Pinochet y el Guantánamo de Bush, entre los desaparecidos de Chile y los de Irak, entre los experimentos psiquiátricos de Ewen Cameron en Montreal y las torturas de Abu Ghraib en Irak. Pinochet fue un precursor de la doctrina del “shock y pavor”. Lo principal para aplicar una receta económica dura era tener atemorizada a la población, por eso se usaba una receta triple de shocks. Al shock del golpe militar, miles de detenidos, torturas, asesinatos, le seguía el shock económico, liberalizó precios, privatizó empresas, eliminó aranceles, bajó el gasto público, pero en un año la inflación alcanzó el 373%, la más elevada del mundo. Para salir de ese obstáculo se utilizaba un tercer shock, reanimar el fantasma del marxismo, para incrementar la represión, extender el miedo. En Chile se torturó a todo aquel que se opusiera a la economía liberal del régimen.

Para luchar contra la doctrina del shock, el primer acto de resistencia es impedir que borren la memoria colectiva. Nuestra memoria. Pero para impedir que borren nuestra memoria hay que perder el miedo al propio miedo.

Los grandes de la Corporación textil mundial. La irlandesa Primark, con un beneficio neto en el 2011 de 360 millones de euros. La española El Corte Inglés, con un beneficio neto en el 2011 de 210 millones de euros. Otra empresa española, Mango, con un beneficio neto en el 2011 de 63 millones de euros. La londinense Monsoon. La parisina Le Bon Marché, perteneciente a la corporación Louis Vuitton Moët Hennesy. La italiana Grupo Benetton. La canadiense Joe Fresh. O las estadounidenses The Children’s Place, Dress Barn y Walmart. Todas estas multinacionales con beneficios anuales millonarios, astronómicos, indecentes, compraban ropa a precio de explotación en el Rana Plaza. Un salario de 38€ al mes era lo que se pagaba a cada trabajador para no llamarlo esclavitud. Al leer la noticia me extrañó no encontrar entre aquellas macrocorporaciones a Inditex. Sólo la casualidad quiso que no tuviera contratos en el Rana Plaza ya que la multinacional con un beneficio neto en el 2012 de 3.117 millones de euros, cuenta con 84 proveedores, 150 fabricantes y 230.000 trabajadores en Bangladesh con un salario medio que no llega a los 50€ mensuales. Pero no es Bangladesh el único lugar tocado por la varita mágica de la abundancia de Amancio Ortega. Porque mientras él ha ido dando pasos de siete leguas en el ascenso de la lista Forbes de los más ricos del mundo, ha desmantelado centros de fabricación en su tierra, dejando en la cuneta de lo inservible a trabajadores aún hábiles, han crecido sus fábricas de la esclavitud en China, India, Turquía, Marruecos, Portugal o Brasil con salarios de hambre, condiciones insalubres y explotación infantil.

Tras el incendio y desmoronamiento del Rana Plaza en Bangladesh que se ha llevado para siempre a más de mil trabajadores, los medios de comunicación se entretienen con la historia de Reshma, la joven que ha sido encontrada viva bajo los escombros tras 17 días desde el derrumbe. Mientras tanto, en un despliegue de limpieza de imagen El Corte Inglés y Primark han anunciado en los medios que canalizarán ayuda a los damnificados. El gesto recuerda al donativo que dio en su día la Fundación Amancio Ortega a Cáritas. Pero cuidado con la caridad porque su trama, su urdimbre, es humillante e injusta, ya que se ejerce verticalmente desde arriba y pretende tapar unas condiciones de trabajo de explotación, con salarios insuficientes e injustos. La caridad ante el desastre, corre ágil a lavar conciencias.

Marco Potyomkin
Potyomkin Pro

Enlace a la película documental “The Shock Doctrine” (Michael Winterbottom y Mat Whitecross, 2009) en versión original subtitulado al español:

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