18 nov 2014

Para Hanna Arendt

Estoy en la trinchera, solitaria, aterida, apuntando a la noche
hasta apuntar el día
en un campo enemigo que oculta rostro y nombre.
¿A dónde señalar? ¿dónde está la diana?
¿por dónde llegarán envenenadas flechas?

Vivo en insomne alerta, un delirio me acoge, a cambio del dolor
me prometen guarida para mi descendencia.

Pero cuando los sueños invaden mi vigilia, estoy a la intemperie
sobre un campo de minas,
fruto de un juego pérfido de ignorancia egoísta,
cavidad por entrañas,
pozo ciego por ojos y mirada que no ven la belleza:

serenos tulipanes emblanqueciendo el odio, siembra para la vida,
también decapitados por las serviles manos del jugador
de voluntad ajena

Goya Gutiérrez

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