poesía y crisis

poesía y crisis

Hay una palabra pequeña sobre la que se levanta una mirada amplia, compartida, horizontal. Una palabra cincelada por el poder, para el poder, que sin embargo hacemos nuestra los de abajo, las de abajo, porque pareciera que ya tampoco pudiéramos decir con nuestras lenguas. Hablamos de la palabra crisis. Una palabra —decimos— pequeña, diminuta si la comparamos con palabras como amor, poesía, verdad, pero que mediatiza nuestras vidas como una tela de araña que no sabemos muy bien quién ha tejido para nosotros y nosotras, la gente que movemos el mundo.

Hablamos de crisis del capitalismo, cuando desde otros lenguajes (antagonistas, no dados desde arriba ni otorgados desde afuera, sino ganados a pulso en la guerra de trincheras de las gargantas) decimos que el problema no es la crisis, que el problema es el sistema, esta miserable partida de cartas que unos pocos amañaron ya hace mucho. Capital, Estado… ¿A quién le suenan? Palabras viejas para empezar a desvelar la trama, el engaño sutil de aquellos que nos quieren sacar del pozo diciendo que cavemos más profundo.

Basta; aquí nosotros, aquí nosotras, no estamos desesperados y no somos cobardes. Sobre un cable un poeta y la mirada franca hacia delante. Tenemos un lenguaje viejo y nuevo entre las manos. Un lenguaje de memoria que nos sirve de escalera y trampolín, de barra de equilibrio para sostener el cuerpo y la esperanza, la vida y su grandeza, sobre la boca del abismo inmarcesible. La poesía, claro, más valiente que nadie —ya lo decía Bolaño— y nosotros y nosotras, que esperamos imitarla a cada tanto. Nosotras y nosotros, que solo sabemos sacar palabras de nuestros bolsillos vacíos…

Palabras que tomar entre las manos para escalar el pozo; y juntarlas y juntarnos y besarnos, como si fuera a acabarse el mundo, a la espalda de un policía.

Si su mundo nos destruye, construyamos el nuestro desde los cimientos. Empecemos por las palabras.

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Listado de obras

Álvarez Galán, Juanjo
CONSPIRACIÓN Y HUÍDA (DE UN VIEJO MATRIMONIO)
En los despertares, en los arrabales,
cuando los motores marcan en comienzo
de días sin marca, de jefes sin rostro
surge la acedía que revela al hombre.
Que revela al hombre, difusa acedía
entre albas oscuras y sábanas tibias
ella lo acaricia, él busca cobijo
en la vida oculta resiste y respira
Resiste y respira en los arrabales
él besa su espalda – suenan los tambores –
ella gira el rostro – ruido de pinares
que sufren exilio entre los motores.
Entre los motores se revienta el día
los músculos duelen, los brazos ofrecen
paraísos cercanos y cercanas mieses
de grano ya antiguo, de festejo siempre.
De festejo siempre: palabras livianas
toman el espacio de la madrugada
invitan al canto contra los relojes
rompen la agonía de estructuras dadas.
De estructuras dadas quiebran los caminos
invocando juntos viejos rituales
recogen aperos, agrupan recuerdos
el deseo animan y unen sus andares
Tras los despertares y en los arrabales
reinventan el día hacia otros lugares.

Juanjo Álvarez Galán

Bono, Isabel
MANOLO

Tú no lo sabes, pero la chica que limpia la escalera y que te cae tan mal porque se come a escondidas las galletas del aparador cuando va a limpiar al 6ºB, o por quejarse siempre de que está perdiendo pelo cuando tiene mil veces más que tú, grita no porque sea una maleducada, es que lleva un aparato en el oído y la mayoría de las veces no le funciona. Esa chica se casó enamorada con un hombre que nunca la quiso y que le pegó hasta dejarla sorda. Un hombre que se metía consoladores de medio metro delante de ella, porque con doce años su madre lo echó de casa y un tipo lo recogió, un tipo que le enseñó a chupar pollas a los doce años. Esa chica tuvo un hijo después de pasar nueve meses sola mientras su marido se acostaba con otros hombres. Cuando esa chica pidió explicaciones a la familia, la familia no dijo nada porque ya conocían esa historia.

Y qué sola debe sentirse esa chica para contarme en el descansillo, con la escoba en la mano, que su hijo no es hijo de su actual marido. Su hijo es hijo de aquellos nueve meses de consoladores de medio metro. Su hijo dice que no quiere volver a casa de Manolo, a quien nunca ha llamado papá. Esa chica, con menos pelo que nunca, dice que ese hombre le pone películas porno a su hijo. Películas de niños que ya saben chupar pollas a los seis años. Su hijo dice que prefiere los dibujos animados, pero que Manolo lo obliga a ver esas películas.

La chica que limpia los viernes la escalera, el miércoles no fue a limpiar al 6ºB porque estaba en el psicólogo con su hijo mientras la policía registraba la casa de Manolo. Manolo no tiene antecedentes, tampoco le pasa ninguna pensión a pesar de ganarse bien la vida.

Tú no lo sabes, pero mientras esta historia me ronde la cabeza no volveré a quejarme de que pierdo pelo y, si alguna vez viniera a limpiar a casa, dejaré la caja de galletas más a mano que nunca.

Isabel Bono

http://bkbono.blogspot.com.es/

Borges Blázquez, Lola
EXPAÑA
Mi país se hunde entre cataratas de dinero extranjero.
Tiene un presente negro
como el carbón de las minas.
Tiene tabúes heredados del pasado
¿Tiene un futuro?
¡Auxilio! ¡Al rescate!
Mi país es un 50% de población activa inactiva
de parados desesperados e inquietos,
una meseta de currículum vitae,
de cartas sin motivación,
de cartas de desesperación
para empleos desesperanzadores.
Energía desperdiciada.
Sol, ¡sal y levántanos!
Sol, eres mi único orgullo.
No permitas que apaguen las playas
con sombras de rascacielos.
Sol, ¡el cielo se plaga de CO2!
¡Auxilio! Hay provincias-invernadero
cultivadas por trabajadores que, sin existir, trabajan
más allá de las fronteras
de un color.
¿Ilegal?
Sólo al enfermar.
Tanto cotizas, tanto vales.
¿Vales?
¡Exilio!
Destrucción del medio,
destrucción de los medios,
destrucción en el país de la construcción.
Demolición de barrios que respiran
mirando al mar…
El mar… ¡Exilio!
Mi país cabe dentro de una televisión:
tortura programada.
Opio, opio, opio.
Masas beben y cantan:
bienvenidos al país de las verbenas.
Plazas llenas.
Masacres por tradición.
¡Olé!
Mi país teme educar a la ciudadanía.
¡Auxilio!
Mi país no tiene políticos.
Plazas llenas de protestas.
¿Dónde está el rey?
Plazas llenas de protestas.
¡Auxilio! ¡Policías!
Yo soy expañol, expañol, expañol
¡Auxilio!
¡Exilio!

Lola Borges Blázquez

Bosch, Lluís
María Esperanza Periferia

Una tarde anduve por la calles suaves de Pedralbes. Murmullo de aves, de ramas de grandes árboles silenciosos, como educados por estrictos jardineros ingleses. Acariciados por una brisa que también parece salida de un colegio disciplinoso y severo. Aquí todo es orden: incluso el viento amaina cuando surca las avenidas de chalés. Había un extraño simulacro de armonía celeste. Tras una enorme cristalera brotaron las notas de La sonámbula. Pero no había belleza. No había nada. Sólo este vacío de muros altos, de miedo, el silencioso miedo de los ricos cuando su riqueza hace visible la miseria que ronronea por las calles, más abajo, en el fondo turbio de la ciudad.

A esa gente sólo les espera el fuego.

Lo saben y por eso levantan muros más altos, con cámaras muy modernas, siempre la última generación en video-vigilancia, lo último de la NASA, traído desde Marte.

Quién todo lo tiene no espera nada. Sólo teme perder. Y ésos van a perderlo todo.

Mi abuelo fue uno de los muchos hombres y mujeres anónimos que le pegó fuego al convento de la Bonanova, en julio de 1936. Lo leo en sus memorias, las memorias que mi familia -por pudor más que nada- me han impedido leer hasta hoy. Lo cuenta más o menos así: en cuánto supo que los curas disparaban desde lo alto del edificio a la gente que se arremolinaba en la plaza, no se pudo contener. Mas… ¿Quién se habría contenido?

El cine no debería ser un refugio -pero sin embargo lo es. Especialmente el cine realizado contra el poder, o a pesar del poder. Como ese cine metafísico y contra todo de Andrei Tarkovsky. Esa mujer que, hacia el final de la cinta, suelta:

Pasamos mucha tristeza, y mucho miedo, y mucha vergüenza. Pero nunca me arrepentí y nunca envidié a nadie. Es sólo nuestro destino, nuestra vida, así es como somos. Aunque no hubiéramos tenido desgracias, tampoco nos hubiera ido mejor. Habría sido peor, porque en ese caso no habría habido ninguna felicidad… ni ninguna esperanza. (Eso sucede en Stalker, 1979).

Creo que Andrei -como la mayoría de los artistas y poetas- se preguntaba por la huella que iba a dejar en la Tierra. La huella humana.

Alguien, en una pantalla lejana y solitaria, se pregunta qué huella habremos dejado en el universo cuando nos hayamos ido. El autor dejó el texto ahí, en la nada, hace unos cuatro meses. Lo he encontrado al azar. A eso de ver páginas por internet lo llaman navegar, y no sé qué cretino o qué miope le puso el verbo. Eso es simplemente ir a la deriva. El hombre que se preguntaba por la huella de la humanidad luego no ha escrito nada más. Cerraba el texto con estas preguntas: Cuál será nuestro legado a las estrellas. ¿La compasión? ¿La esperanza?

Me preguntan si he sido feliz, si soy feliz. Respondo que no. Que por supuesto que no. No sé de donde sale esa idea de que el sentido de la vida es ser feliz. Lo único que le da sentido a la vida es permitir que dentro de nosotros se libre una batalla entre el bien y el mal. Y esperar que eso nos haga un poco mejores. Poco más tarde, en la misma entrevista, la pregunta es: ¿qué se debería enseñar a los jóvenes? Y la respuesta (luego de meditar unos segundos): A saber estar solos. [Esas son también palabras de Andrei, dejadas en el aire y en el video de Un poeta nel cinema, la antigua entrevista de la RAI].

Ahora me doy cuenta de que no he hablado de mí, es cierto, no he dicho nada sobre mí. Porque pensé que, en principio, no había ninguna necesidad de hablar sobre mí.

Yo nací en una calle estrecha y ruidosa. Cuando llovía solía haber destrozos. Por las noches se escuchaban gemidos. A veces de placer, otras de dolor. Otras eran los aullidos de la soledad de borrachos y yonquis. Por las ventanas entreabiertas sonaban boleros y pasodobles. Me acuerdo de haber escuchado Suspiros de España, en verano, cuando el calor abría el balcón. Mientras mi abuela vertía un chorrito de Marie Brizard en el cántaro de agua, porqué así quita más la sed. A esa mujer la vida le dio grandes palos. Le propinó golpes enormes. Enloquecedores, diría uno, si eso sucediera hoy. Sin embargo ella aprendió a amar a los borrachines, a los niños sucios y mangantes, a los drogadictos. Y luego aprendió a vivir sola y construyó su soledad.

Esculpir en el tiempo. Aprender a ser mejor. Tener esperanza. Construirla. Eso no sucede en las calles de Pedralbes, vaya tontería haber escrito eso. Mañana, en el colegio, un niño volverá a robarle el desayuno a un compañero de clase. No es maldad ni picardía. Es el hambre.

Eso sucede hoy, en Cataluña, en el año de dos mil doce y mientras políticos y financieros fijan la mirada en la prima de riesgo, en las oscilaciones del Ibex 35. Mientras discuten cuál es la pancarta más adecuada y más correcta para desfilar en un 11 de septiembre que a mí me importa un carajo.

Mientras, en las calles, otras nuevas mujeres viejas quizás confortadas de Marie Brizard o de quién sabe qué, quizás de orujo, les dan bocatas a los niños tiñosos que corretean arriba y abajo. Mi paisaje, mi único paisaje, mi querido paisaje. Paisaje de periferia y de esperanza agarrada a la sombra de los contenedores que todavía no se han quemado bajo el sol.

Lluís Bosch

Terrassa, cerca de Barcelona, entre marzo y agosto de 2012

http://mildimonis.blogspot.com.es/

Calero Palma, Rafael

El desahucio de la familia Botín

Esta mañana, la calle Virgen de Lluc de Madrid ha amanecido tomada por los efectivos de los antidisturbios. Un anciano de setenta y siete años, Emilio Botín García, ha sido desahuciado porque no puede pagar su hipoteca.

y una niña susurra a tu oído

que han desahuciado a la familia Botín

NACHO VEGAS

 El hombre que llora desconsoladamente sentado en el sofá tiene aspecto de buenazo. Lo delatan sus ojos de perro apaleado. Una persona con esos ojos no puede ser mala. La conclusión a la que uno llega al mirar esos ojos es que a ese hombre la vida no lo ha tratado con amabilidad. Miles de arrugas surcan su rostro, cubierto por una piel achicharrada por el sol. Apenas le queda pelo sobre la cabeza y el poco que hay es blanco como la nieve. Ese hombre se llama Emilio Botín García. Tiene 77 años. El sofá es de color crema, viejo y sucio. Fue comprado hace más de 30 años en una de las tiendas de muebles del barrio, pero como solía decir Paloma, la mujer de Emilio, todavía da el apaño. Paloma aún es capaz de recordar, como si lo hubiese acabado de comprar hace cinco minutos, lo que pagó por él: cincuenta mil pesetas de la época. Un pastón. Tuvo que pagarlo a plazos. Ahora, el sofá color crema, viejo y sucio, está ocupando parte de la acera. El resto de los muebles, que están para el arrastre, y unas cuantas cajas con ropa, vajilla, fotos viejas de las bodas de sus hijos y de las comuniones de sus nietos, y otras pertenencias de la familia Botín, ocupan el resto de la acera y parte de la calzada. La familia Botín no tiene sitio a dónde ir. Están, literalmente, en la puta calle.

El hombre que llora desconsoladamente sentado en el sofá nació en Santander, el día 1 de octubre de 1934, justo cuando, muy cerca de su tierra, en Asturias, los obreros creyeron que las cosas podían cambiar y que si en Rusia había sido posible, en España no iba a ser menos. Pero en España fue menos. Y en vez de Revolución, lo que tuvieron Emilio y el resto de los españoles fue, sobre todo, una gran escasez de comida y de libertad. Emilio había nacido en una familia obrera, pobre y de izquierdas, lo que, sin duda, lo marcaría profundamente para el resto de su vida. ¡Me cago en dios!, solía decir cuando se cabreaba por motivos de dinero, si mi padre hubiera sido rico…

Pero su padre no había sido rico.

Así que a Emilio le tocó trabajar como a una bestia durante toda su vida. Casi siempre en la construcción, excepto algunos períodos cortos en alguna otra cosa. Había estado trabajando desde que era un mocoso de seis o siete años. Era tan pequeño cuando empezó que no se acordaba con precisión. Daba igual. De lo que sí se acordaba perfectamente era de que al primer día en el tajo le había seguido otro, y a ese otro más, y a ese otro más, y así sucesivamente hasta el mismo día de su jubilación, que había tenido lugar a los setenta años de edad. Porque esa era otra. El pobre Emilio, gracias a las sucesivas reformas laborales había tenido que estar trabajando hasta el mismísimo día en que cumplió los setenta años. Y ahora, a sus setenta y siete años, cansado ya de luchar, de bregar como un buey, como él decía, enfermo de cáncer, a las puertas de la muerte, se veía sin un maldito techo donde cobijarse y con una pensión que era una puta mierda.

Un desalojo, otra ocupación, grita un grupo de chicos jóvenes, reunido en la puerta de la vivienda de Emilio y Paloma para intentar detener el desahucio. Chicos con rastas en el pelo, con piercings en las orejas, en los labios, en las cejas; con camisetas de Metallica y el Ché Guevara, y estrellas rojas de cinco puntas tatuadas en los brazos. Indignados, se autodenominan. Pertenecen a grupos como 15-M y Plataforma de Afectados por la Hipoteca. También hay gente de otros colectivos: de CNT, el sindicato anarquista; de Democracia Real Ya, la plataforma ciudadana; de Izquierda Anticapitalista; y de diversos colectivos feministas, ecologistas, pacifistas, etc. En total hay unas trescientas personas de todas las edades. Provienen de los barrios obreros de Madrid. Barrios donde, en los últimos tiempos, han proliferado como setas los desalojos de familias trabajadoras. En ningún otro desalojo se ha visto tanta gente como en este, dando la cara por la familia desahuciada, defendiendo su derecho constitucional a una vivienda digna. Desde la otra punta de la calle, llegan otras consignas, gritos de guerra que incitan al combate. Qué pasa, qué pasa, que no tenemos casa, gritan al unísono un grupo de amas de casa que recuerdan a Carmen Maura en la película de Pedro Almodóvar, Qué he hecho yo para merecer esto. Y también: familia desahuciada, casa ocupada; o todo un clásico del género subversivo: el pueblo unido, jamás será vencido, y otros eslóganes parecidos. Un grupo de parados sostiene una gran pancarta blanca en la que alguien ha escrito con pintura roja, “Que desahucien a Juan Carlos”. Otros lanzan sus soflamas contra el presidente del gobierno, que a esta misma hora y no muy lejos de allí, mantiene una reunión de trabajo con la canciller alemana para rendirle cuentas por el plan de ajuste económico del gobierno; también se grita contra los principales banqueros del país, sobre todo contra los mandamases del Banco de Santander, del BBVA, de Caixabank y de Bankia, a quienes se culpa de la ola de desahucios que están viviendo las familias españolas, e incluso los hay que echan las culpas directamente a la Conferencia Episcopal. Aquí no se escapa ni dios.

Desde las ocho de la mañana, la calle Virgen de Lluc del distrito de Ciudad Lineal de Madrid, donde Emilio y Paloma han vivido durante media vida –se dice pronto- parece el escenario de un campo de batalla: los efectivos de los antidisturbios han tomado toda la calle. En este mismo momento se pueden contar más de quince furgonetas de la Policía Nacional y unos 60 agentes antidisturbios, parapetados tras los escudos y preparados con las porras en las manos. Durante toda la mañana, por el megáfono, se ha hecho hincapié en que este es un acto de resistencia pasiva, pacífica. Nadie debe plantar cara a la policía ni en el supuesto de que las fuerzas de seguridad carguen contra la gente aquí reunida. Nada de violencia. Sin embargo, nunca se sabe cómo puede acabar todo esto.

El piso de Emilio Botín fue subastado por impago y se lo adjudicó, como suele ocurrir en el cien por cien de los casos, por ausencia de otras ofertas, el banco con el que Emilio tiene la deuda, el Banco de Santander. Ya hubo un primer intento de desahucio el día 16 de junio, pero gracias al apoyo popular, sobre todo de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, no se pudo llevar a cabo. Sin embargo, esta mañana, la jueza, Lucía Castillo Quirós, titular del juzgado número 31, ha cambiado de estrategia y ha pedido al Ministerio del Interior que pongan los medios necesarios para que se ejecute el desahucio, no vaya a ser que cunda el ejemplo y la gente se rebote y no pague ni el copón bendito. Cosas del capitalismo. Así que a las ocho de la mañana el barrio parecía un estado paramilitar debido a la presencia masiva de efectivos de la policía. El desahucio, esta vez sí, ha sido todo un éxito.

Antes de ser expulsado de su propio piso, el señor Botín ha salido al balcón a darles las gracias a las personas que se han concentrado para defenderlo, a él y a su familia, de la avaricia sin límites del banco y los banqueros y ha aprovechado para decir, con la voz temblorosa por la emoción, que ni él ni los suyos son morosos sino pobres, que es muy diferente. En el piso de Emilio han vivido hasta hoy seis personas: además del propio Emilio y de su mujer, Paloma, estaban su hijo Javier, que está divorciado, y lleva más de tres años sin empleo, buscando sin encontrar; su hija Ana, viuda, con sus dos hijos, un chico que cursa Bachillerato y una chica que, a pesar de ser licenciada en Empresariales y hablar inglés con fluidez, está en paro. En el hogar de los Botín no entra más sueldo que la pensión del abuelo, seiscientos euros, pero ellos se las apañan como pueden. Milagros de la economía doméstica.

En la acera, sentado en el sofá que una vez fue nuevo pero que ahora está desvencijado y sucio, Emilio continúa llorando. Y ahora también ha empezado a llorar Paloma. Sentada junto a su marido, a la mujer se le parte el corazón al verlo llorar amargamente delante de tanta gente, de tantos periodistas y cámaras de televisión. Su marido, que siempre ha sido un hombre íntegro para quien lo más importante de todo era mantener intacta su dignidad. Y ahora, ahí lo tienes, llorando a moco tendido delante de toda España: viejo, moribundo y desahuciado. Llorando como una pobre plañidera. Su pobre Emilio, con el que no había podido jamás nadie. Junto a Emilio y Paloma también están sus seis hijos: Ana, Carmen, Emilio, Carolina, Paloma y Javier. También los nietos de Emilio y Paloma andan por aquí.

A pesar de que el abogado de la familia ha intentado aplazar cuanto ha podido el desenlace final, no ha habido manera legal de detener lo inevitable. Se interpuso una querella por estafa y apropiación indebida, pero fue desestimada por el Juzgado. Se subastó el piso y el mismo Banco de Santander lo compró por la mitad de su precio real. Un negocio redondo para el banco.

Una portavoz de la Plataforma de los Afectados por la Hipoteca, una chica de aspecto nervioso que no aparenta tener más de 20 años, ha manifestado al grupo de periodistas que cubría el desalojo: “En el reino del Borbón, a los jubilados se les quita su casa, pero los banqueros y los políticos disfrutan de todos sus privilegios, de sus sueldos galácticos, de sus coches oficiales, de sus mangoneos, de sus ropas carísimas y de los restaurantes de lujo. Si los trincan robando, no pasa nada, porque luego los absuelve un jurado popular. Mientras tanto, un montón de gente carece de lo básico: comida diaria y un techo digno bajo el que cobijarse. Esto es lo que hay: los ricos, cada día más ricos, y los pobres, cada día más pobres. Y a joderse.” Todo esto ha dicho la portavoz, nerviosa por la falta de costumbre de hablar ante tantos micrófonos y cámaras de televisión, mientras el pobre Emilio Botín García, de 77 años de edad, enfermo, triste, con el alma mutilada, llora desconsolado porque después de toda una vida trabajando, se ha quedado en la puta calle. Y con él, su mujer, dos de sus hijos, y dos de sus nietos.

(Nota: este relato es completamente ficticio, y está basado en los versos introductorios de Nacho Vegas. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.)

Rafael Calero Palma

http://mimargenizquierda.blogspot.com.es/

Callejo, Javier
A un banquito me llevaron,
para pedi(r) un dinerito,
a un banquito me han trai(d)o,
y estoy arrepenti(d)ito.
Me han complica(d)o pa(ra) robarme,
dando vueltas a lo mismo,
la verdad es simple y grande.
Moguer,
10 de julio de 1996
-000-
Por culpita del dinero,
ando cumpliendo fatal,
qué es fe y qué es amistad;
no son na(da) si no das na(da).
Lo tengo comproba(d)ito,
ca(da) vez que salgo a comprar,
pa(ra) (a)trás vuelvo palma(d)ito.
-000-
Qué desgracia(d)ito eres,
qué pena me da de verte,
ca(da) vez que te gana un pan;
pierde el pan y pierde peces.
Qué negocio es el que lleva,
que to(d)ito el cliente que viene,
se va pa(ra) la competencia.
-000-
La gente tiene que ver;
el mundo no vale nada,
lo malo tiene gran precio,
y lo bueno se regala.
Por más vueltas que le doy,
yo no logro comprender,
que el pan que compro es pa(ra) hoy.
-000-
Tengo en mi campo un peral,
que da las pera(s) en dos días,
a to(do) el mundo quiero dar,
y al poco ya están podri(d)as.
Que desgracia(d)ito es,
el que trabaja y no llega,
ni pa(ra) paga(r) el alquiler.
-000-
El mundo es un falso amante,
que aparenta lo contrario;
el sabio se cree ignorante,
y el ignorante que es sabio.
Yo respetaba a mi suegra,
aun haciendo como hacía,
albóndigas y hamburguesas.

Javier Callejo (1970-Moguer)

Cruz, Juan
ÍNTIMA GUERRA

Recuerdo las mañanas frías de los días pasados junto a ella. El café cargado y las pastillas, su rostro enfermo, la piel cubierta de moratones. A mi memoria acuden las imágenes de aquel tiempo que comenzó cuando cerró la fábrica y perdí el trabajo; aunque quizás me equivoque y la raíz de aquella pesadilla fuera más larga, mucho más larga… No sé.

Yo pasaba las noches encerrado en aquella habitación minúscula. Las horas pasaban muy despacio tirado sobre la alfombra. Me sentía enfermo. Estaba ahogado en mi propia desesperación. El alcohol lo complicaba todo. Creía haber perdido la capacidad de amar. Más de una vez se me pasó por la cabeza la idea de escapar definitivamente, pero no tuve coraje. Siempre fui un cobarde.

Ella solía traer chicos jóvenes a casa. Follaba con ellos y al cabo de unas horas, quizás desde un principio, los despreciaba. Entonces les insultaba, les golpeaba e incluso intentó apuñalar a alguno. Se estaba volviendo loca. Como es normal, casi todos los chicos se defendieron violentamente. Otros dieron rienda suelta a sus bajos instintos y le propinaron auténticas palizas. Recuerdo que algunas veces le pegaban tan fuerte que ella gritaba pidiendo ayuda. Yo no hacía nada. Me quedaba en la habitación, tirado sobre la alfombra, bebiendo y escuchando –pareciera que impasible– sus gritos de súplica. A veces me tapaba los oídos. Decir que el presente se nos hizo insoportable sería quedarme corto. El mundo se escapaba por el desagüe. Teníamos una permanente sensación de irrealidad. Ese era nuestro narcótico.

Nunca supe muy bien cómo llegamos hasta allí, pero lo cierto es que no supimos salir juntos del pozo. A mí me consumió el dolor, a ella lo acabó haciendo la soledad. Solo dos personas que se amasen tanto podrían aniquilarse así.

Hace tiempo que no la veo. La echo de menos. Ya no he amado a nadie.

Juan Cruz López

http://labandadeloscuatro.blogspot.com.es/

Íntima guerra forma parte de un libro de cuentos inacabado cuyo título provisional es Historias precarias. No sé si algún día lo acabaré, pero me pareció oportuno colgar este relato después de releer Capitalismo, enfermedad mental y suicidio.

Escarpa, Gonzalo
Los ricos vienen a beber de esta agua clara, y los osos (Shiki)
Un pobre hombre. Otro pobre hombre.
Carrusel. Pobres hombres. Un pobre hombre
le vende a otro pobre hombre algo
que no tiene valor. Una pulsera,
un reloj roto, un crucifijo roto, una bañera rota,
un marco roto de cristal, una pequeña bailarina rota.
El pobre hombre cambia la baratija, que ahora es suya,
suya para siempre, por siempre, completamente suya,
por otra baratija, otra moneda rota, otro billete.
El pobre hombre guarda sus ganancias,
calcula cuántas baratijas le quedan por vender
para poder ser el más rico de todos los pobres hombres
del mundo, pero descubre muchos pobres hombres
que le quieren vender sus baratijas,
que le convencen de que no será más que un pobre hombre
si no consigue tantas baratijas
como para llenar cien mil millones de almacenes.
El pobre hombre quiere que le quieran.
Si tiene que comprar las baratijas
para lograr por fin que otros pobres hombres
le quieran, lo hará. Así que compra. Vende. Pierde
lo que ganó, pasa de mano en mano,
de pobre hombre en pobre hombre,
su deseo de amor. Su amor que se convierte
en otra baratija que se compra y se vende.
El pobre hombre, cansado, compra, vende,
acaba por comprar y vender incluso pobres hombres
a otros pobres hombres. Pobres hombres. Tiovivo.
Un pobre hombre. Otro pobre hombre.
Todo está roto. Ya las baratijas
no sirven. Cada pobre hombre
tiene el armario lleno. No se pueden
vender más baratijas. Ahora los pobres hombres
compran ideas, títulos, gramática,
slogans, claims, campañas, avenidas.
Un pobre hombre publicita a otro pobre hombre
y lo convierte en algo parecido a un pobre hombre.
La alquimia es triste. El pobre hombre se acuesta,
dormidos son iguales todos los pobres hombres,
y sueña y se sorprende el pobre hombre
y ama en sueños, no cambia baratijas, no encuentra pobres hombres
que le hablen de pobreza, no habla con nadie, no hay nadie, y se asusta, y grita, y quiere
sus baratijas, sus costumbres, sus
paredes familiares, y despierta,
pobre hombre, sobre el hombro
de una mujer.

Gonzalo Escarpa

Fernández, Isidoro
Somos tan pobres que sólo tenemos miedo,
miedo a perder los bienes que poseemos,
bienes que nos convierten en meros siervos
de los amos que producen ese mismo miedo.
Somos tan pobres que sólo tememos
perder lo tangible, lo que pesa y vemos,
sin valorar lo que escapa entre los dedos
y que no vuelve ni se compra con dinero
Somos tan pobres que sólo somos reflejos,
sombras, fantasmas, ilusiones venidas a menos
de aquellas gentas que lucharon y sufrieron,
que tenían verdadera conciencia de lo que es el pueblo.

Isidoro Fernández

García Nieto, Belén
Desahucio
Dos días después de mi muerte vendieron mi casa.
Se llevaron todas las habitaciones,
la de los juegos y las visitas.
Desnudaron los pasillos,
derribaron las puertas.
Abrieron las paredes dejando
apenas
humo que se aleja en una luz infinita.
Los estallidos muerden los ojos,
no hay camino,
ni viento que arrojen suficientes piedras a este fuego.
Fatigada, con los dientes partidos,
con el alma derrotada,
cuento
todo lo que me quitaron,
por lo que hoy he muerto.
Se llevan todos los días, desde la primera hora.
Ya no huelen los chopos en las ventanas,
ya no huele la furia entre las sábanas.
Ahora, mi casa no huele a nada.
La noche apagó sus latidos,
enmudeció el silencio para siempre.
Ahora que he muerto,
se venden cajones cuidados, muebles seminuevos,
sofás cómodos y de calidad, mesas de todos los tamaños.
Se venden zapatos de bebé sin estrenar
y su ropa,
Se venden sus risas, los ojos, la boca.
nada existe.
Se vende, el llanto roto de una vida que no fue vida.
Mi sombra desnuda en el suelo apaga las luces apretando fuerte la tripa.
Venden mi casa,
y todas las canciones bailadas,
la música suena.
Una luz retumbaba en mi pecho.

Belén García Nieto

García-Teresa, Alberto
DEUDOCRACIA
Vaciar el saqueo y retorcer
hasta darles la vuelta a sus colmillos,
y desgarrar sus trincheras,
y escapar de sus sílabas,
aquellas que siegan las vértebras
y opacan las pupilas.

Alberto García-Teresa

Landa, Ricardo Antonio
Me
da miedo el desempleo
de
tantos viejos y viejas,
no
el descanso ni el mío ni el ajeno,
sino
esa forzada manera de vivir
los
previos al largo navegar,
viviendo
a cuenta de los demás parias,
menos
del Estado y los bancos
esos
ladrones del sudor,
esos
fantasmas que nos aterrorizan
con
el día siguiente.
(Ya
sin poetizar, cala más el desempleo
de
los jóvenes,
esa
puerta a la muerte prematura
de
la vida plena:
irse
sin amar siquiera,
sin
ver los mundos,
sin
tramar historias para quienes los siguen,
esa
ráfaga que los desangra mientras bailan,
mientras
fuman,
mientras
orinan en los rincones
sus
primeras cervezas y entusiasmos)
Me
preocupa el desempleo,
personal
y masivo,
no
la desocupación,
pues
esa flor del desaprovechado,
hace
mucho no la huelo yo,
ni
la olfatean las mariposas.
————
COMBATE LA RIQUEZA
Del banco vinieron
a medirnos talla, peso
y capacidades. Dijeron
que éramos pobres
y una parte de ese grave problema
a combatir.
También nos tomaron fotos
y nos impartieron talleres
para empoderarnos
obedeciéndoles
en sus programas asistenciales.
Nadie habló de la riqueza.
Nos elogiaron por ser puntuales
y no faltar a sus pláticas.
En otros barrios y comunidades,
fueron a decir lo mismo
funcionarios, grupos eclesiales
y de izquierda.
Nuestra pobreza los había unido.
A las mujeres las nombraron
beneficiarias, y a algunos hombres
les llamaron líderes naturales.
Han pasado treinta años de aquello
y siguen diciendo que somos pobres,
aunque algunos ya lo son en extremo.
A veces votamos por un nuevo partido
que prometió seguir combatiendo la pobreza.
Algún funcionario se sinceró
en una fiesta donde pusimos
el cartel de su empresa junto a la cancha
de básquet que reinauguraba:
ustedes no son nuestros beneficiarios,
son nuestro sostén, son nuestros clientes.
Anoche decidimos, luego de reflexionar
por qué ya no queremos seguir siendo pobres,
que ahora nos llamaremos:
Unión de Clientes en Resistencia.
Otra propuesta de nombre
que no alcanzó suficientes votos fue:
Unión de Pobres en Combate a la Riqueza.
——-
HIEDEN
Los ricos y su fulgor
Hieden
A costra de menjunje
A plato retacado de especias
A vinagre de copas escanciadas
Que olvidaron a la mitad del brindis
Porque les sirvieron otra
Hieden
A cataplasma
De esos untos para que nada duela
Nada les afecte
Solo o combinado con su PROSAC
Hacen como que les divierte el mundo
Y platican del próximo y reiterado viaje
A Egipto a Tailandia al Muro de los Lamentos
A Montecarlo al Vaticano o a Eurodisney
Hieden porque los persigue su ser
Ahí coleccionan
Toda suerte de anécdotas maquilladas
El éxito logrado en cada gesto
Que les suprimió el Botox
Cada paso sin descalzarse
Cada arrojo de billetes
Que los hizo héroes de un safari
Del que quedan pruebas disecadas en su contra
Y fotos con trofeos horrendos
Ah las colonias
Los enjuagues de pelo y los bucales
Los desodorantes
Los lápices de labios o de cejas
Para adelgazarlas según el dictado
Las cremas y lociones
Para después de rasurarse las verijas
Ah los puros y el coñac
Con todo ese vaho
Esos rocíos más enérgicos que el smog
O el alquitrán
Sobre el moho que los enroña
Hieden
Los cadáveres exquisitos
Hieden.

Ricardo Antonio Landa

Martínez, Alicia
Los señores de la Tierra
Los señores de la tierra
son señores vulgares
hacen cola detrás de ti en el supermercado
llevan chanclas, como tú
y pasean a su perro al atardecer
Los señores de la tierra
viven en tu mismo edificio
te los cruzas en el ascensor
y hablas con ellos del tiempo
Tienen el pelo blanco
y una mujer rubia
que hace tiempo regentó
el horno del barrio
Los señores de la tierra
te dan los buenos días
mientras con la boca de la nuca
te quitan el pan, te bajan el sueldo
te suben el alquiler
Los señores de la tierra
sientan sus culos en el mismo bar que tú
y parecen no hacer nada
todo el día con la parroquia
jugando al dominó
con nuestras vidas
Los señores de la tierra
se meriendan tu insomnio
y te sonríen preguntándote por tus hijos
Son los más amables en la frutería
y hasta te sostienen la puerta
con su media sonrisa
Los señores de la tierra
te arreglan cerraduras
mientras te descerrajan la esperanza
Son los amos del barrio
Su jornada comienza muy temprano
Vigilan que vayas a trabajar
para cerciorarse de que pagas el diezmo
religiosamente
Recorren despacios las calles
de su coto privado de caza
No olvides tu condición:
él es un señor de la tierra
tú, su puto esclavo
Hubo un tiempo en que a los señores de la Tierra
Ay! perdón… que somos pacifistas

Alicia Es. Martínez-2011

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Martínez, Layla

INTRODUCCIÓN AL LIBRO DE LA CRUELDAD

Máquinas bulbosas escupen sobre nosotros salvajes tumoraciones. Cánceres con forma de chicle. Asaltemos las facultades de medicina en un caleidoscópico intento de acabar con la actitud gerontocrática. Proclamemos la muerte del arte a manos de grumos incestuosos. Incendiemos los centros comerciales y sustituyámoslos por ganglios linfáticos. Derribemos las instituciones ilustradas. Inauguremos las instituciones hermafroditas. Implantemos la juventud perpetua como régimen teocrático. Instauremos el futuro infinito. No al bipedismo. No al pulgar oponible. No a las cacerías de bacterias. No a los safaris de ancianos de movilidad reducida. No al método científico. Todos los métodos serán sistemáticamente abolidos. La experimentación será inútil o no será. Destruyamos la estética. Socialicemos las sustancias lácteas y los hologramas parpadeantemente azules. No a los animalitos sudorosos. No a las salas de fotocopias. Instauremos los zoológicos de ciervos sintéticos. Destruyamos la botánica. nunca nada más será clasificado. Mastiquemos la apocalíptica purpurina. Habitemos grotescas madrigueras. Socialicemos los espasmos involuntarios. Colectivicemos las infecciones sórdidas. Destruyamos los libros de instrucciones y sustituyámoslos por flemas fluorescentes. Derribemos la Academia. Nunca nada más será analizado bajo criterios blandamente perversos. Involucionemos permanentemente. Conformemos una horda de obesos mórbidos. De niños perversos. Constituyamos una manada de turistas violentos. Instauremos el delirio grotesco. Proclamemos el horror cósmico.

Layla Martínez

http://vidadeperrxs.blogspot.com.es/

Máximo, E.
Andaba por campo buscando Libertad
cuando vi un cartel que rezaba: por allá la has de buscar.
Disponíame a entrar por aquel lugar,
mas parome un hombre que decía ser Mariscal.
¡Adónde va, buen hombre! ¡Adónde va! Repetía sin cesar.
Voy por el camino que marca la Libertad.
¿Pero no ve, buen hombre, que este camino no es?
Que por aquí canta el viento y la rama toca el arpa;
que no se oye el sable ni la garganta deshojada.
No, buen hombre, esta no es la vía,
donde dirige este camino es a la anarquía.
Seguí caminando reclamando Libertad.
¿Dónde estás? Le decía.
¿Por qué no apareces, querida mía?
Paseando y paseando a la mar hube de llegar,
pues no alcanzaban mis ojos a más tierra avistar.
Pensando cómo podría atravesar amplio océano,
me sorprendió un mendigo que venía rimando:
Si quiere cruzar,
todos sus bienes me ha de dar,
que tierra libertaria no acepta capital.
Si quiere cruzar,
destierre prisión,
que tierra libertaria sólo acepta razón.
¡No! Nada daré;
lo que es mío,
mío es,
y de nadie más ha de ser.
No, buen hombre, esa no es la vía,
ese camino no es el de la anarquía.
Seguí caminando reclamando Libertad.
¿Dónde estás? Le decía.
¿Por qué no apareces, querida mía?
Llegué a un desierto de flores y olivos
y en medio de él,
en medio de él, bella mujer de tibios ojos cristalinos:
Sé lo que buscas,
sé lo que anhelas,
si sigues mis ojos llegarás a la aldea.
A medio trayecto un hombre nos paró,
llevaba túnica y sotana;
¡Oh, bendigan siempre al servidor del Señor!
Buenos días, hijo, adónde se dirige.
Libertad, padre, Libertad es mi sino
y esta hermosa joven mi camino.
Cómo te atreves, insolente.
¿No te das cuenta que ha de ser el Señor
el que te guíe en esta misión?
¿Y no una ciega que por no tener
no tiene ni visión?
Perdóneme, padre,
ante ti me arrodillo
y ante Dios me dirimo;
le beso la mano y los pies
en señal de castigo.
En tierra Libertad
no existe Dios,
que allí es el hombre
el que reina con amor.
No, buen hombre, esa no es la vía,
ese no es el camino de la anarquía.
Caso omiso hice a necia ciega,
que quien escucha a santo y no a diablo
buen vivir tiene en el otro lado.
Seguí caminando reclamando Libertad
¿Dónde estás? Le decía.
¿Por qué no apareces, querida mía?
Lo que nuestro caminante no sabía,
es que Libertad es poesía,
es que Libertad es anarquía.

E. Máximo.

Molino, Alfonso J.
VENTANA A LA LOCURA
Sólo será un minuto. El tiempo necesario para mostrar
desnuda la locura, desprovista ya de sus cenicientas máscaras.
Toma asiento, acomódate en esta ventana de la memoria,
aférrate a su marco astillado, lleno de fantasmas.
Asómate sin miedo, no podrán divisarte hallándote como
te hallas en una posición privilegiada.
Contémplalos. Miles de millones de hormigas descabezadas,
huyendo de sí mismas, destrozándose a dentelladas.
Se aplastan con fruición, se sonríen con desgana,
destilan cierto amor que apuñalan por la espalda.
Miradas hipócritas temblando ante el espejo, crueles garras
que afilan mientras duermen, ambicionan sin pudor
la riqueza que los mata. Surtidores de cianuro que exterminan
sin pesar aquello que sus manos tocan, como caballos
furiosos desplazando el viento, como lobos hambrientos
ávidos de carnaza.
Ante la inminencia del terror, corren como alimañas
tras su pálida condena, prisioneros como son
de las celdas más inhóspitas, sabedores del infierno
que anida en sus cabezas.
Macabra danza de lo absurdo, bailando a duelo con la nada.
Una mitad sucumbe de inanición, la otra engulle hasta el hartazgo
con esos colmillos desgastados por la vertiginosa cadencia.
No cabe salvación posible partiendo de estas espantosas premisas.
No imaginan el futuro que les acecha bajo el suelo enmoquetado,
no perciben el hedor que desprenden ya sus células,
no sospechan la tragedia que les aguarda agazapada.
Ya ha pasado tu largo minuto.
Ahora te toca ponerte a salvo.
No demores más tu última esperanza.
Date prisa, pues yo, soy uno de ellos.

Mora, Juan Antonio
ESTE AIRE FÉTIDO
“Aguardar los años lúcidos
Que es lo más parecido a ser feliz”
(Joan Margarit)
Este aire fétido
De falsas promesas,
De renuncias, de impurezas,
De traiciones, de pobreza,
De alianzas de los gobiernos con los mercados
Para destruir al Pueblo
Alimenta la energía
Del descontento.
Este aire fétido
Sin vergüenza,
Grávido de mentiras,
De iras,
De fraudes, de vacío;
El alma me llena de rencor
Y un fondo de tristeza.
Mi corazón se desespera
Y aúlla en la soledad del desierto,
Invocando la verdad,
Toda la verdad,
Todas las verdades
Que habitan en nosotros.

Juan Antonio Mora

Muñoz Álvarez, Vicente
SUJETO DE EXPERIMENTACIÓN
el no llegar a fin de mes
los sueños rotos
los amigos muertos
los recibos de la luz
del teléfono del alcantarillado
el alquiler el tráfico
la comida basura el odio
la soledad la rutina el tedio
la angustia el aislamiento
los planes de jubilación
los desahucios los despidos
las enfermedades venéreas
el sida el cáncer el colesterol
el tabaco la hipertensión
el cambio climático las guerras
la contaminación la pederastia
la separación el adulterio
los psicópatas las colas del paro
la inflación la deflación la ruina
los alimentos transgénicos
la paranoia la esquizofrenia
las depresiones los suicidios
los sociópatas los manicomios
los atascos las cárceles
la gripe a los accidentes de tráfico
las multas los geriátricos
la crisis los tipos de interés
la política la televisión el ruido
los hospitales los atracos
la estafa la adulteración
la anorexia la bulimia
la hipocresía el terrorismo
la mentira el conformismo
la globalización la sinrazón
la frustración la manipulación
el miedo
happy babilonia
welcome to my world

Vicente Muñoz Álvarez

Palacios, Antonio
CRISIS E INFAMIA
Una pequeña infamia de esta crisis
Es que parece eludir grados de responsabilidad.
La gran infamia,
Que sólo busca status quo.
Hacernos creer
Que no tiene voz, cuerpo,
Nombres, ni órganos.
Que es el vacío sideral
De un sistema total,
Que sencillamente lo es todo.
Y todo lo demás.
Voces, sentimientos, dolor,
Sensaciones, ideas, quebrantos.
Barrunto silenciado de una soledad dispersa.
Junto al miedo,
Nuestro nada fortuito distanciamiento.
Apenas, sin saber, que no estamos solos.
Que a veces, lo que nos une,
Debiera ser mayor de lo que nos separa.
En un futuro, que debiera pertenecernos.

Antonio Palacios

http://floresdelparnaso.blogspot.com.es/

Pastor, José
TODOS A LA CALLE
a la puta calle
banqueros, políticos, científicos,
jueces, consejeros, asesores, psiquiatras,
ahora os toca a vosotros salir a la calle
a los barrios, a los parques
a los pueblos, a los campos
a pie, en autobús, en metro
en trenes regionales, en coche de línea o en bicicleta
a la puta calle
a comprar al mercado
a hacer cola en el banco
al ambulatorio, al dentista de la seguridad social
al INEM, a los colegios públicos, a los talleres
a la puta calle
a cavar zanjas
a subir al andamio
o a bajar a la mina
o a buscar trabajo
o aparcamiento
o amor
a mancharse
a arrimar el hombro
a derribar muros
a la puta calle
a beber vino de la casa
a comer el menú del día
a dormir en pensiones
a las cunetas
a hacer cuentas y cuentas
para intentar llegar a fin de mes
a la puta calle
así, tal vez,
cuando nos sentemos a hablar
tod@s sepamos
de que estamos hablando.

José Pastor

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Ramos, Pepe
JERARQUÍA SOCIAL DEL LOBBY IBÉRICO
Cuando nos mandaron a por los inmigrantes
guardé silencio por no quedarme en la calle.
Cuando nos mandaron a por los pensionistas
no abrí la boca porque prometieron hacerme fijo.
Cuando nos mandaron a por los sindicatos
no dije nada porque me dieron móvil de empresa.
Cuando nos mandaron al paro protesté
y vinieron a por mí los becarios.
SILLAS DE OFICINA
Condenadas a galeras en filas de a dos,
con manchas de tinta sudada
a la luz de fluorescentes
nacisteis sillas de oficina
y no palcos de ópera.
Nacisteis
con el tren de aterrizaje sacado de serie
como esperando el impacto,
con ruedas que os alejan de todo lo inmueble,
para que no olvidéis nunca vuestra temporalidad,
vuestro nomadismo por el escalón más bajo
de la pirámide trófica del material de oficina
soportando solas el peso de bancos,
escaños, reclinatorios y tronos.
Ninguna estatua ecuestre a lomos de vuestra grupa
ninguna en parihuelas, ninguna bajo palio:
ninguna de vosotras pisó jamás
la moqueta prometida del hemiciclo.
Ahora que el futuro viene de nalgas
llegó el momento de no dar nada por sentado,
de dejar de ser carretillas mineras,
asientos de porcelana con cisterna,
banquillos de juzgado y mecedoras de sueños
despeñadas por las pendientes del IBEX 35.
Recordad que en la otra vida os espera cero:
cero recompensa, cero creador,
cero tapicero.
Defended ahora vuestro derecho a un culo digno,
defended ahora vuestro derecho a un culo sano,
vuestro derecho a un culo bien formado.
Defended vuestro derecho
a sentar cátedras y jurisprudencias,
a sentar las bases de un porvenir
en el que ningún glúteo se siente en el vacío
cuando la música deje de sonar.
Cualquiera puede sentarse en un hormiguero
pero solo el necio no se levanta;
levantaos pues y levantad también
la voz, la liebre, el ánimo
y vuestras quintúpedas manos al cielo
hasta hacer girar el mundo.

Pepe Ramos

Reyes, Belén
Camino de mi misma
al trote de la crisis
que inventan los de siempre,
los ogros sin el piercing
que los sujeta dentro
justo donde , se vive
y amarra el corazón
al trote de la crisis.
Un potro manso y fuerte
un potro que nos sigue
desde  hace muchos cuentos
desde hace  muchos clínex.
Que sabrán los gigantes
los banqueros y el wifi
la merkel y el pepe
los de siempre, los simples
existenciales, esos
que anestesiados viven.
Camino de mi misma
al trote de la crisis.

Belén Reyes

Rodríguez, Ángel
CARMEN
Carmen se ha hecho vieja hoy.
Será que los años de orfanato le han crecido sobre la espalda
y la encorvan en las cuestas arriba,
o será el recuerdo siempre tibio de su muñeca de cartón
sobre el retrete recién usado
el que ha teñido de blanco su cabello,
o las losas ajenas limpias bajo su rodilla
las que la han atrapado al mirar su reflejo sobre ellas.
A Carmen, la hija de Carmen,
le ha crecido entre sus piernas la carne de sus cuatro hijos
que, ya poco jóvenes, se agolpan entre sus dedos ahora artríticos
y cuando los abre salen caminando lentos como un carro cojo.
Pero esta mañana se ha levantado sobre sus más de sesenta marzos
y se ha agarrado a sus rodillas hasta elevarse, alta como el chopo cercano al río.
Será que su pecho se cansa y late casi sin ritmo
y sus manos se dejan vencer por el tiempo
y caen derrotadas como el fruto derramado por el árbol.
Será que el tiempo, ahora, pasa para ella más rápido y los días,
a veces,
tan sólo parecen horas.

Ángel Rodríguez

Romero Barroso, Agustín
NO
eliminar la crisis que no exista
no nombrarla primero sin su furia
despreciarla por sí y por su incuria
y quitarle la máscara de chiste
pues es engaño estafa merma quiste
atontamiento vil y de penuria
políticos viles en injuria
trajinada vileza triste triste
no nos quite la vida con su amarga
falacia embuste tino arreglo apaño
su chantaje hurto trampa larga larga

Agustín Romero Barroso

Samaniego, Isis
Sin rostro
La noche en que todos murieron
Había una luna redonda en medio del
Oscuro cielo.
La noche en que todos murieron
Fue al término de 72 horas, se aspiraba a una democracia.
La calma chicha empezó un domingo de julio
Se proclamaron para si, nuevamente setenta años de ignominia.
Esa noche
En el regazo de las montañas había soñadores
Los más pequeños proclamaron su autonomía
Para seguir de la mano del pájaro de quinientas plumas
Del león de la montaña, del frescor de sus lagunas
Pero sobretodo de la mano de sus muertos.
Nadie se acordó de ellos, ellos recordaban
Muy bien a los que murieron
Trajeron a su memoria los agravios y construyeron caracoles
Recordaron las lágrimas de las madres y se pusieron a sembrar en su tierra
Maíz de colores
La noche en que todos murieron
Ellos se regocijaron por ser tan invisibles
Hacia tiempo que ya no eran de este mundo
Años atrás dejaron de ser noticia
He aquí a los nadie, he aquí a los locos y los fantasiosos
Cubriendo su rostro y marcando distancias de comicios tan fatuos
Siguen labrando la tierra, sembrando educación, salud y esperanza para cosechar autonomía
Esta tierra es de quien la trabaja.
La tierra es la madre que nos ha cobijado en medio del silencio
Arrulla nuestro sueño y alimenta nuestra lucha.
La noche en que todos murieron allá en el asfalto
Aquí, nos alumbraba el fuego
Aquí, el cielo nos regaló la lluvia y los ríos siguieron su cause
Nuestras niñas y niños crecen como nosotros, sin rostro…
Mis raíces
Somos los que somos desde las montañas
Hasta la costa
Mi lucha es de los obreros también de las prostitutas
¡Mi tierra no esta en venta!
Ni el armadillo en su hueco.
Mucho menos el agua que nos aparta de la sed
Ninguna orquídea sale de este bosque
A menos que te la obsequie la señora tierra
Hemos crecido codo a codo con la ceiba
El cenzontle nos regala aun su silbido
Y la chachala su algarabía
Como no he de querer esta tierra
En ella hasta el fondo están mis muertos
Y su polvo ha teñido mi rostro
Que no se afrenta de su madre.
Si el monito aullador vive en las ramas de mis sueños
Juguetea con mis pensamientos
Y las huellas de Balam caminan mi camino.
Hermanos todos, aquí estamos encubiertos por los ríos
Custodiados por montañas
Tratando de cultivar nuestras raíces.
Globalidad
Yo nací en medio de dos siglos
Crecí con la vileza de los últimos años del siglo XX
Mis ojos vieron como echo raíz la mariguana en los montes
Como nuestros hijos se echaron al mal camino
El vicio creció como una enredadera
Los periódicos anunciaban desaparecidos
La yerba empezó a cotizar en los mercados
Los bancos jineteaban un dinero que nunca devolvieron a sus dueños
Muertos, muchos muertos que pedían ser reconocidos por sus deudos
Mujeres en el norte empezaron a morir todos los días
A falta de huesos solo quedaron dientes para tratar de identificarlas
No hubo olfato que reconociera que mi país
Sucumbía ante la imposición, la corrupción y el fraude
Nadie grito a tiempo
Los pocos que gritaron fueron sometidos a pistola, encarcelados y desplazados
A las montañas.
Que podría hoy decir de mi país-mundo.
La inmundicia se globaliza tanto como la economía
Y todos caminamos al precipicio.
Sobre la faz de la tierra
Camina un rebaño
Arreado por los dueños del mundo
Hasta el mismo dios tiene correa en el cuello.
No hay espejos
Por ello no sabemos quien es el otro
Desfilan rostros que guardan como un equipaje su enojo
Bestias cansadas de arar el dinero de otros
Que mala comedia
¡Quien ungió esta farsa!
Sobre nuestra espalda pesa la democracia
Hermosa ramera que nos cobija con malos argumentos
Peces muertos por su propia boca
Casa
Selvas verdes inundan mi sur
Una maraña de colores se extiende hasta el horizonte
Caña de azúcar puebla la vereda
Donde paso a paso emerge la montaña
Chante de coyotes, del tecolote, nido
El clamor de las aves inunda los castos oídos
Ojos que no distinguen el nacimiento de la luz
Ahí nace el rio
Y la tierra se cohíbe
Se echa a andar en reversa para solapar humedades
Sapos, libélulas, abejorros, ranas, axolotes, orugas
¿Que prodiga es esta señora?
En sus brazos arrulla la orquídea en los días de mayo
El hongo se aposta
Bajo el telón de lluvia que cae en verano
¡Que nombre darle a esta tierra!
Anónimos son los paraísos
No hay letras para describir a cada animal
A cada planta que puebla mi pueblo
En esta tierra, que es el mundo
Y si de nombre se trata
Se llama casa.
En el horizonte
En el horizonte hay murmullos de palomas
Cristales violetas
Temblor de pájaros
Palabras viajeras
Rocas desnudas que gritan razones inacabadas
Alzo la voz, digo – nunca
Cuchillos que parten el aire
Vapores que germinan al alba
Tú – mujer de luces
Traspasa el horizonte
Desnuda
Cual gramo de cristal
Montaña
Los broches de la sumisión cierran mi boca
El miedo a la gente
A la ley, a la fuerza, me vuelve incapaz de levantar un dedo
Quiero largarme lejos, donde no haya seres que me miren
Donde no haya bocas que pregunten
Donde los únicos ojos que me observen sean las estrellas
Y quien me grite palabras al oído sea el aire; no los silbatos moribundos de los autos.
Que la espesura del pasto roce mi mejilla adolecente
Atrapar palabras en la intemperie con redes de nylon
Y muchas, muchas flores adornen el camino que lleva a la montaña
Ella siempre impávida y noble
¡Madre mía escúchame!
Casi siempre el espejo me dicta un mounstruo cuando asomo la cara
Camina codicioso y roba minutos al reloj para gritar que no tiene tiempo
Me he cansado de difamar al prójimo, de esconder entre mis ropas la hipocresía
Quiero regresar a casa
Perderme en el monte, elegida tierra donde tirar mi salea
¡Escógeme montaña!
Dame el valor de entrar a tu centro y ser parte de este mundo.
Minas de Coahuila
Piedra sobre piedra
Han caído
Muertos sin seguridad social
Carbón, plata, oro
Columnas deformes
Rostros quemados en pozos
Solo cenizas encontrarán
Donde mineros hubo
Salario de mierda para fantasmas
Socabon con restos humanos
En años serán olvido de partes
Oídos sordos
Ojos sin lagrimas que tienen nubes y lloran mentiras
Ciegos ante el bienestar social
Hasta la tierra resiste el veneno
Piedra sobre piedra
Cae… Desierto
Deserta la bola pa´ irse a migrar
Migrar pa´ sembrar la soledad en el corazón de su tierra
De la nuestra
De la tuya
Mientras no estemos muertos
Bajo el hoyo que cerró la tierra.
Nota al margen
Por mas que me roben el tiempo
Por menos de veinte pesos puedo vender mi alma
Mi corazón
Más no vendo la calma
Ni el libro de Nietzche
Que anoche robo mi conciencia
Tampoco me han quitado el sueño
Las malas decisiones del mal gobierno
Sin embargo no duermo
Cuando se pasean las cifras de mujeres muertas
Allá, aquí, la frontera
Cuando desaparecen chavos del bachiller
Y aparecen para no resucitar
Me puede caer el fisco y arrebatarme ciento dieciocho pesos bimestrales
Más no podrán abrir mi cabeza
Para introducir el miedo
Por más malas noticias
Yo sigo creyendo en la poesía
En Borges, en Becquer, en Villaurrutia
No me robaran el sueño
Más puedo vender mi alma/corazón por veinte pesos

A quien lea, esta Nota al

margen

Y la comparta conmigo.

http://www.adictosalapoesia.org/author/isis-samaniego/

Santaella, Ana Patricia
DERROCAMOS LAS SOMBRAS DE LA NOCHE
Derrocamos las sombras
entre las cántaras oscuras
del barro que se quiebra.
Somos una ínfima luz que persevera,
la misma, que avanza y tantea,
el rastro laborioso de la hormiga,
la levedad del pájaro,
el agua despeñándose en la aurora.
La que perenne osa
levantarse en medio de la hambruna.
Intercalando, caídas, derrumbes,
esquivos goces de alegría.
La que intuye, la brevedad
del alba en el manzano.
El ánfora vital de la colmena.

Ana Patricia Santaella

Suñé López, José
7 (un poema de Milenios, cartas y apocalipsis)
No puedo amar la patria
que se apodera de mi lengua,
lengua de gente humilde
que escupe orgullosa y flamenca
a sus reyes y nobles.
España no soy hijo tuyo,
ni hablo tu idioma,
ni digo tus palabras,
de Barcelona soy Hijo,
ciudad rebelde y castigada.
Escribo en la lengua que quiero,
ningún aburguesado sardanista
hará que cambie. Catalán, murciano
charnego, trinxaraire y xava.
Me da igual los subsidios
la Generalitat pues escribo como siento
i parlo com me agrada.
De mis calles recito,
de mis silencios no hablo
y de la única terra
que me siento próximos
son las macetas de mis geranios.

José Suñé López

http://www.elparpadoenelfuego.blogspot.com.es/

Tejada, Isabel
Si viniera,
si viniera un hombre,
si viniera un hombre al mundo, hoy, con
la barba de luz de
los patriarcas: debería,
si hablara de este
tiempo,
debería
sólo balbucir y balbucir,
siempre-, siempre-,
asíasí.
De Tubinga, enero, un poema de Paul Celan

hay algo dentro que no se acaba

es cierto, somos muchos y estamos solos, si nadie nos enseñó lo importante, cómo podremos entonces sobrellevar las interminables estepas, todas esas horas poniéndonos a prueba, donde no hay lugar ni una sola garantía, cómo acatar la norma establecida de días grises y existencias mediocres, leyes de mercado que no entiendo, si no hay techo para la prima de riesgo, si es constante la transitoriedad de los negocios, constante la erección de la cifra de desempleo, si vamos todos sin regazo en donde, sin mano en mano, si ya no queda nada bueno que esperar, si ya no hay nada en qué creer, cómo podremos cargar con un alma de ceño permanentemente fruncido si ya no sabemos creer, qué hacer con una vida que es fuerte, que se hace cada vez más y más fuerte en su duda

no hay silencio en mi corazón, brilla como una piedra preciosa, pero si nadie lo ve ¿brillará? si viniera un hombre al mundo a balbucir un lenguaje sagrado ¿nuestros ojos se darían la vuelta? tú quieres dedicar una vida a la certeza y yo me pregunto ¿es eso posible? ¿es que es tanto, es que es así, el miedo? sí, el miedo también dispone de mí, no creas que no te entiendo, que no tiemblo a la hora de tomar cualquier decisión, por pequeña que sea, pensando ¿acertaré? haciendo de los hechos mi medida, siendo irremediablemente estúpida, pero mira ¿es que no escuchas dentro?

regresa a mí la noche y es ahora el momento, escucha, apoya tu oído en mi pecho ¿puedes oírlo? ¿oyes cómo mi animal sigue en su puesto? ajustándome las cuentas

(del poemario inédito Como los gatos)

Isabel Tejada

http://susurroypienso.blogspot.com.es/

Torrebejano, Alba
DE NUESTRA PROPIA HAMBRE
Desde hace tiempo me pregunto
quién nos hizo la cruz en la espalda
cuándo explotó el gran átomo
o lo que sea que llevemos dentro
si es que el vacío se olvidó de ser cruel
por una vez y nos deshizo lentamente
Nos volvimos locos y cambiamos el chip
la máquina estaba rota y ya no servía
acabamos siendo inmunes al resto
tan solo viviendo en nosotros mismos
porque es lo único que podemos soportar
y aguantamos, tan solo de vez en cuando
si afilamos las palabras y no los dientes
o si raspamos la corteza de tal masacre
En el fondo es un propósito inútil
seguiremos como hasta ahora
sin encontrar explicación a nada
sin dejar de atragantarnos
con nuestra propia hambre
haciéndonos las mismas preguntas
siempre, una y otra vez, día tras día,
paso a paso, poema tras poema
hasta que en algún momento
todo se derrumbe o nada merezca la pena.

Alba Torrebejano

Villar, Montserrat
NO ES
La obscenidad no es
esa Lolita que, descarada, se chupa el dedo
frente a un abuelo moribundo
que se ha gastado su escueta pensión
en ver este absurdo gran partido de fútbol.
La soberbia no es
esa señora que niega a su hijo tres veces
cuando lo reconoce en un cajero, dormido
abrazado a su viejo vestido de novia,
mientras saca dinero para un nuevo abrigo de armiño.
La locura no es
lanzarse de un puente hacia la nada
mientras tu esposo, amante o amigo
asesina al niño que nació de tu vientre
ante su “querida” niña, que él, como hija, no ama.
La desidia no es
ver cómo te tiras y no intentas salvarte
mientras comento con nuestros vecinos
que lo tuyo con tu guapo marido
era una relación de lo más sangrante.
El pecado no es
saltarse la misa de los domingos
cuando eres un niño que fuma a escondidas
mientras el sacerdote que te sodomiza
recuerda a sus fieles las enseñanzas divinas.
La guerra no es
que muera tu hijo en el frente
defendiendo a cualquier nación, a un presidente
mientras ese señor esconde en su secreta caja,
el oro cobrado a un país pobre, por la venta de armas.

http://montsevillar.blogspot.com

Volianihil
Noche
Aprendimos de la noche que no somos nada
que todo aquello que hacemos
no interesa a nadie
que las neveras siguen enfriando mientras dormimos
y que sus luces iluminan
-aun cerradas-
la sangre podrida de la carne de ayer.
No tenemos ni idea
pero nos engañamos creyendo que debajo
del asfalto y la tierra
de las tuberías de mierda y los cables de fibra
o tal vez en el cielo
tras las nubes marrones y amarillas
hay una salida.
Miramos arriba y no vemos estrellas.
Miramos abajo y vamos descalzos.
Pero no pasa nada
ellos han creado un mundo tan libre
que pueden hablar a través de nuestra boca,
una ciudad a nuestra medida
donde escaparse es volver siempre
al mismo sitio
de antes.
Seguiremos
Seguiremos viendo a jubilados
buscando entre la basura,
bandas de estudiantes drogados
atacando a la policía
defendiendo su derecho
a colarse en un concierto,
madres solteras con carrera y máster
robando en el supermercado,
niñas de quince años
suplicando por un gramo,
políticos liberales
cobrando un sueldo del estado,
mendigos apaleados y quemados vivos
en los cajeros automáticos,
vídeos de accidentes
donde nadie echa una mano
porque todos están grabando.
Seguiremos viendo el tiempo pasar
no como vemos pasar el último metro de la noche
sino como un río cargado de residuos,
ramas,
ratas y palomas
que trataron de escapar.

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