29 oct 2014

Hay cientos de historias como ésta
que ningún fabulador por perverso que fuese
podría urdir mejor.
Un muchacho soñó que ponía una bomba
y al día siguiente lo contó a sus amigos.
No conozco su nombre pero sigue en la cárcel.

Hasta soñar está prohibido en Palestina.

Ángel Petisme
(Insomnio de Ramalah, Editorial Eclipsados, 2005)

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