07 mar 2013

El número dos de la revista Estudios pronto estará en la calle. El tema de análisis del mismo será Representatividad y poder, y es precisamente de eso, del poder y de los discursos que lo alientan ―esas voces mudas―, de lo que deseamos hablar en esta nueva sección del apartado de Creación literaria; hablar, qué duda cabe, a través de vosotros y vosotras, a través de vuestros textos y colaboraciones.

Voces contra el poder pretende, por tanto, aunar textos de carácter poético o narrativo que aborden la cuestión del poder y sus representantes desde disímiles perspectivas. En ese sentido, desde el Consejo de Redacción de la revista Estudios os animamos a que colaboréis con este apartado enviando vuestras colaboraciones al correo electrónico siguiente redaccion.estudios@cnt.es

Nuestra intención última es realizar una modesta aproximación al panorama de voces disidentes, desafectas al régimen plutocrático y ecocida que nos está robando la vida; una aproximación que, no obstante, pretende dar espacio a poetas y narradores a menudo orillados de los espacios de creación/representación institucionalizados y, en el peor de los casos, abiertamente comprometidos con el sostenimiento del status quo actual.

Para finalizar, solo nos queda invitaros a que permanezcáis atentos a la salida del que esperamos sea el segundo número de una revista, Estudios, que pretende servir de espacio para la reflexión, la crítica y el debate en profundidad; un proyecto auspiciado por la CNT que nació con el ánimo de arrimar el hombro en la lucha por construir una sociedad libre, autogobernada y autogestionada, sin Estado ni capitalismo.

Álvarez Casal del Rey, Rebeca
Cómplice
Al final del verano nace la oruga del pino,
pero es en mitad del invierno cuando se produce
su verdadera floración.
El comienzo del frío lo pasan en nidos colectivos,
sin apenas espacio.
Varias camadas en la misma cama.
Y, a mediados de febrero, árboles y suelo bullen de orugas,
en hileras.
La ceguera es la causa
de la procesión.
La estupidez, ese delito.
Miedo a construir
una casa demasiado cerca de un pinar enfermo
y que retoños y guardianes, tan a ras de tierra,
pierdan la lengua por necrosis.
Abandonar el banquillo de los mansos.

La pesadilla y el espejo
Enredado a las sábanas bulle y respira;
sueña que desciende
de la frágil genealogía de los sepultureros,
jardineros de la muerte,
de salud delicada y escasos cimientos.
Da un respingo,
casi despierta al soñar un tropiezo
en su avanzar por la duermevela.
El problema vino
de la luz (y del espejo).
Las serpientes del desasosiego, escurriéndose por las sábanas,
lo convirtieron en el vaso
que se le rompió en la cocina a medianoche.
Le daba un poco de pudor mostrase así,
pues su condición de recipiente
no permitía el uso de cosméticos.
A pesar de las costuras,
siguió avanzando; o al menos lo intentó.
Enraizado a las baldosas se acaba el trayecto.
¡Inútiles cimientos!
Si al menos le aportasen
un poco de equilibrio…
Bajo sus pies, los añicos (hambrientos y dentados)
de sí mismo.
Se filtraba un poco de claridad
por las ranuras de la persiana,
pero al final la sombra llegó,
cargada de amnesia.
Y de quietud.
El problema vino
de la lámpara, los fragmentos
se reflejaron en la expresión de fastidio de unos ojos.
Entonces el problema
vino de la escoba;
la escena quedó
idéntica a sí misma,
descansando en paz,
pero con una elipsis.
Vómito sobre la alfombra
–festín psicoanalítico–
clasificado por colores y tamaños.
El carcelero le preguntó
(con suma educación)
si sería tan amable de permitirle
extender sus intestinos por el suelo,
a ver si así encontraban el foco del problema.
Un momento antes
aún era todo remediable.
Se abrió la camisa, introdujo
los dedos en la piel hasta llegar al hígado,
y sobre sus palmas lo tendió –toma
y come.
A los pies
del lecho de muerte del verdugo
–como voy a morir, hijo,
tendrás que relevarme y ser
tu propio carnicero. Te ayudarán
estos clavos,
dejaremos que se oxiden a la intemperie hasta que llegue el momento.
Y cuando llegue yo
me enterraré a mí mismo.
Ebullición de peces ahogándose entre la piel y el pijama.
Despierto, de pronto, por
la terrorífica certeza de la lucidez del jardinero.
Su mano temía encontrar otra mano en la búsqueda del interruptor.
Al encenderse la bombilla, un poco de paz.
Algunos actos nos definen –pensó–
de modo irreversible.

Rebeca Álvarez Casal del Rey

Álvarez Galán, Juanjo
ORIGEN MÍTICO DEL PODER
En un tiempo impreciso que nadie ya recuerda
se produjo un suceso que aún hoy prolongamos;
era, por una vez, en el margen del tiempo
por una vez sin fuerza de valor o justicia:
amanecía un mundo abierto y arbitrario
– nunca supimos si era anterior a nosotros
sobre el eje del alba se entreabrían los párpados
y animales inquietos revolvían la tierra
con una vida análoga al universo ingente.
Entre nosotros hubo un silencio cerrado
que oprimió las gargantas un tiempo indefinido;
sin medida ni alma, pues no existía conciencia
nos palpamos el cuerpo recorriendo los huesos
y probamos el vínculo entre el ser y su peso.

Cambiaron varias lunas antes de la palabra:
agrupados sin causa ni enemigo preciso
recorrimos distancias que no reconocíamos
en el campo sin límite que nos daba alimento;
no sentíamos cerca necesidad alguna
porque la voluntad, desprovista de nombres
no era capaz de darnos un deseo concreto.
La igualdad era un hecho no expresado ni impuesto
nadie tenía entonces atributos ni fuerza
y la noche era fiesta peligrosa y liviana.
Un acto irreversible se produjo en el aire
cuando uno de nosotros, estirando los brazos
hirió nuestra luz nueva desde el pecho rasgado:
atónita y solemne sonó la voz del hombre
que unía para siempre la palabra y el mundo
iniciando el proceso de nuestra nombradía

Nunca quiso ser rey el fundador del rito
arrumbaba palabras fugaces como pájaros
proyectiles pesados que marcan la memoria
los vientos y las luces recibieron su nombre
e inauguró el proceso que abre las diferencias.
Construimos entonces estrategias y cantos
llamamos al ganado, parcelamos la tierra,
el tiempo tuvo entonces un modo de invocarlo
y la edad se hizo cierta en el suceso;
en el triunfo del cambio y el envejecimiento
decidimos un día bautizar a los hijos
y entre clanes y hombres que henchían el progreso
forzamos la palabra para inventar el lema.
El fundador del rito se mantuvo en silencio
y así cruzó el poblado hacia el dueño de todos.
El rey joven mostró al anciano sus pueblos
construídos con nombres opacos de materia
y los constituyó como primer imperio;
el profeta se irguió con sus manos abiertas
y repitió el sonido que dio origen al verbo.
Todos nos agrupamos temiendo el desafío:
el profeta marchó con los ojos cerrados
para dormir la noche sin miedo del destierro.
Sobre el alba maldita fueron pocos
los que dieron la espalda a la ciudad de hierro
pocos se desterraron
con el anciano fundador del verbo.

Juanjo Álvarez Galán

Benedicte, David
Croché De Izquierda
¡CIERRA los ojos, aprieta los puños;
sorbe a raudales tu fiereza
para aplastar al rival y su acoso
pausado, rijoso, mortífero!
Debes aceptar ese algo que viene
en el pack de ser brutal, falaz.
Eso que el buen boxeador eleva
hasta las alturas de lo axiomático:
el castigo resulta inevitable;
el sufrimiento es una opción.
Escoge sufrir de forma mecánica
e implacablemente tenaz.
La rabia y la pena son tu destino.
Relájate; es sólo la vida.
Rezaremos porque todo funcione.
¡No te revuelques en la pérdida!
Nuestro objetivo es noquear por muerte.
A mi derecha: con 112 kilogramos,
calzón rojo, barba y melena blancas,
recién llegado del reino de Prusia,
¡EL ASPIRANTE AL TÍTULO MUNDIAL
KARL MARX, EL LEÓN DE LA METRO!
Un aluvión de golpes en la cara,
en tu abollada nariz antiquísima,
y el repetido estruendo de los sparrings
melancólicos de razas remotas
que avanza con pesantez de montañas
en la fortaleza de la ternura.
Y a la izquierda: con 153 kilos de peso,
prenda amarilla y calva paternal,
representante de la China Púrpura,
¡EL CAMPEÓN DE LOS PESOS PESADOS
MAO ZEDONG, EL PANDA DE SHAOSHAN!
Blando, feroz, ensangrentado, ausente,
con tímida inmensidad de gigante
no te dejas desabrochar los guantes
en el rincón más cruel del cuadrilátero
donde esta noche actuó la mala suerte
con su anfibio aliento exterminapúgiles.
En el sucio barro del ring
sobre los huesos del León de la Metro
amanece lleno de flores.
Los dientes, solos, gritan su cansancio.

David Benedicte

Bermúdez, Eddie
664.
no forman conforman
ambas latitudes un mismo cuerpo
su holgura su distancia
soportan la condena a congregar(se) dentro de la mugre:
ilusiones acciones movimientos de vida
-o intentos-
o intentos por significar
siempre la vivencia en el intentar (y su virulencia)
guarda similitud con lo posible, conociendo de antemano los límites
no forman: cierran los párpados
congregan toda la dicha
ejerciendo todo su peso en el hoy
también hoy, aquí
se conforma/se ajusta
la distancia para seguir siendo: no su intento
621.
si se estrangulan las manos en rebelión,
obedece el grito a la algarabía
-en los desiertos desnudos de Palestina,
alguien cuelga sonajeros en los muros en señal de luto-
mientras alguien calle llameando lamentos,
estará el lápiz apuntando al horizonte
para no detenerse y seguir seguir
escribiendo
aunque sólo sea para narrar / dar cuenta de la realidad
y seguir seguir recordándo(nos)
la barbarie que nos asola

 Eddie Bermúdez

Bobis, David
La ruleta rusa
Sentados
cada uno en una
es quina
escribiendo
nuestros pasos
la sonrisa
que inspira
el último disparo

EXIT
le acribillaron
a bocajarro
siete disparos
siete vías de escape
para pasar al otro lado

Comisaría
Aparece tu rostro
en el periódico
la mirada del asesino
esperando que se apague
la cámara
que seas tú
el próximo objetivo

David Bobis

Borra, Arturo
Destrucción de una pared

¿Por qué no tomar un martillo, inspirar lo más profundo que uno pueda (puesto que la respiración forma parte de la fuerza), extender el brazo al máximo y arremeter contra la pared con toda la violencia posible? Es una pregunta que nos hemos hecho varias veces antes de intentarlo. Después de unos pocos golpes desistimos: es una tarea demasiado ruidosa. Tarde o temprano algún transeúnte lo advertiría, dando aviso a la policía.

El resultado tampoco es mejor: los golpes apenas dañaron la pared. Para derrumbar un pequeño tramo deberíamos estar unas cuantas horas y convertirnos en blanco fácil. Es obvio que seríamos atrapados antes de pasar al otro lado y tampoco estoy seguro que nuestras fuerzas nos permitieran abrir un boquete de una vez. Por mi parte, al cuarto golpe ya sentí bastante cansancio, lo que quizás sería soportable si al chocar con la pared el martillo no vibrara en mi antebrazo.

Es verdad que hay que hacer algo -como repite mi amigo el Griego-, pero no parece ser éste el camino. Podríamos incluso sustituir el martillo por una maza. La diferencia técnica es innegable. La potencia del golpe es significativamente mayor y aunque su peso sea un inconveniente, la resistencia de la pared disminuiría de forma notable. Con menos golpes podríamos abrir una brecha y pasar por ella. El problema es que sigue siendo una tarea demasiado sonora. Más rápida y eficaz, sí, pero también más llamativa a distancia. No es preciso experimentar con esa alternativa para darse cuenta. En unos minutos generaría alarma, no digo ya en algún guardia aburrido de dormitar en la silla de su garita (a unos cincuenta metros del objetivo), sino entre los pocos caminantes distraídos que de vez en cuando pasan por ahí, mirando los graffitis trazados al azar en la superficie de la pared.

Cuesta comprender cómo hasta los indiferentes pueden velar por la integridad de una pared que apenas perciben. Si se detuvieran a mirarla, pronto sabrían que no hay, en verdad, nada íntegro en ella. No sólo está descascarada sino que tiene grietas regulares y está invadida por el musgo en sus zonas más oscuras. Por otra parte, ¿cómo podría ser íntegra una membrana que obstaculiza la visión? Es cierto que no sabemos lo que nos impide ver, pero no deja de ser sorprendente que ni siquiera reparemos en ello.

Los graffitis, por su parte, con su presencia silenciosa, nos dan algo así como una primera pauta. Es improbable que los hayan pintado durante el día. Tras especular por un momento sobre el asunto, concluimos que, como todo trazado clandestino, sólo pudo gestarse en alguna hora nocturna. Tal vez eso valga para nuestra tarea.

No se puede destruir una pared a plena luz del día. Bajo el refugio de la noche es más probable que no nos vean y, si fuera necesario, es más factible escapar. La amenaza de ser identificado queda, si no anulada, al menos en suspenso. Incluso la policía se relaja a esas horas. Prueba de ello es la existencia de esas inscripciones dispuestas con prisa. La banalidad de una pared dificulta la sospecha de su derribo. Pero es una banalidad que oculta que una pared es, ante todo, una barrera. Antes incluso de saber qué hay del otro lado, cuenta el hecho de que separa dos regiones.

Avanzar demasiado en estas disquisiciones, sin embargo, no debería hacernos olvidar lo fundamental: nada es seguro. La noche nos hace menos indefensos, pero descuidarnos sería una torpeza irreparable. Porque no se trata de pasar la pared. Podríamos intentarlo con una escalera suficientemente alta. Una vez arriba utilizaríamos unos alicates para cortar el alambre de púas. Aunque advirtieran nuestra presencia, podríamos intentar pasar la escalera hacia el otro lado y bajar sin inconvenientes o, en su defecto, saltar sin más. El riesgo de fracturarse algún hueso existe pero peor sería que nos atraparan.

El problema de una solución semejante es que no altera en lo más mínimo la realidad de este espacio dividido. El Griego insiste: «¿por qué tenemos que aceptar la pared?». Por mi parte, prefiero centrarme en las tácticas. Subir hasta lo más alto de la tapia no podría hacerse sin herramientas adecuadas, pero ¿cómo transportarlas por varias decenas de metros sin que sean detectadas por alguien? Y si lográramos incluso ese primer objetivo, ¿cómo cortar la alambrada sin quedar enredados a ella? Cargar a nuestros hombros una escalera, en plena noche, llamaría demasiado la atención. Probablemente, seríamos detenidos de forma preventiva e interrogados hasta arrancarnos una confesión.

Descartamos entonces esa alternativa. Pasar inadvertidos es vital. Mi amigo insiste en unas octavillas que un grupito de obreros distribuían en los 60 en la fábrica metalúrgica en la que trabajó por más de una década. Pretendían instruir en el arte del sabotaje colectivo. Aunque no estoy seguro de que hayan sido especialmente acertadas en su contenido –de otra forma, no podrían haber despedido unas semanas después a todos los “cabecillas”-, el mero hecho de que hayan logrado arruinar algunas máquinas es bastante aleccionador. Pero ¿qué sabemos nosotros de sabotajes si apenas somos capaces de imaginar cómo destruir una pared?

Vuelvo al principio. Las herramientas tienen que ser transportables sin que nadie lo note. Ser suficientemente pequeñas como para ocultarlas entre nuestras ropas y livianas para correr si fuera necesario. (Abandonarlas en el camino de la huída sería dar demasiadas ventajas al perseguidor). En estas condiciones, la tarea parece imposible. Nos miramos con mi amigo en silencio. Hasta que uno de los dos, no sé bien si él o yo –pero ¿qué importa ahora quién?- dice: «hay que intentarlo por debajo».

No parece mala idea. Tal vez podríamos intentar erosionar la base de la pared. Sólo necesitaríamos una pala para empezar a cavar un túnel. Al principio, sería estrecho y apenas podríamos pasar de a uno, pero el peligro de que capturen a quien pase después seguiría siendo mínimo. La pared permanecería ahí; es cierto. Sin embargo, del otro lado, en vez de seguir más lejos, podríamos seguir socavando a distancias simétricas los cimientos.

Desde afuera las cosas serían algo más sencillas. Podríamos trabajar con cierta tranquilidad, descansando cuando ya no tuviéramos fuerzas.

-¿Y cómo sabemos que sería así?- pregunto.

-Es que no lo sabemos -me contesta el Griego-. Pero ¿sería mejor no arriesgarse?

Ni él ni yo queremos resignarnos. No somos excesivamente utópicos al suponer que del otro lado uno podría respirar mejor. Basta observar alrededor para darse cuenta de que todo esto se parece demasiado a una cárcel.

Aunque dudamos todavía por un momento, nos las ingeniamos para colgar dentro de nuestros abrigos unas palas pequeñas. Pasamos unos hilos resistentes a los mangos y los atamos con fuerza al ojal de nuestros bolsillos internos. El peso no es excesivo. El propio cuerpo ayuda a mantener la pala pegada al lado izquierdo del abdomen, disimulada por el brazo.

Salimos a la calle dándonos ánimo, tratando de parecer serenos. Evitamos conversar. En la oscuridad intuimos nuestras sonrisas nerviosas. Es posible que esta noche no logremos terminar el primer túnel y tengamos que regresar varias jornadas antes de terminarlo. Pero no es demasiado complicado disimular la entrada con hojas y ramas abundantes, desparramando la tierra por encima y trasladando la sobrante a algún punto más distante. Aunque sea un trabajo de topo, cuando uno no quiere detenerse ante la pared ni aceptar sin más su existencia nada parece demasiado. La tarea sólo podría resultar infructuosa si no lográramos llegar a otra parte.

Una vez alcanzado ese objetivo, el derrumbe será cuestión de tiempo. Podremos hacer nuevos pozos que dejen en el aire los cimientos. De forma más súbita que paulatina, la pared se desplomaría como una pesadilla que se extendió por demasiado tiempo. Ni siquiera descartamos que otra gente se sume. Es cuestión de deseo.

Los obstáculos siguen siendo numerosos y nuestro nerviosismo es evidente. Mientras comenzamos a cavar, comprobamos que no viene nadie. La tierra cede sin demasiada resistencia. El rocío la humedece y eso facilita nuestro trabajo. Como dos fugitivos al borde de su jaula, trabajamos despacio para no arruinarlo todo. Aunque hace apenas unas horas considerábamos que esto era imposible, sentimos ahora la proximidad de una recóndita apertura. La noche es larga y nos sorprende cavando una salida.

Arturo Borra

Camacho, Carmen
LA MUJER DEL CÉSAR Y OTROS OSTRACISMOS
Un pedagogo hubo; se llamaba Herodes (Antonio Machado)
Vinieron con escobas a expulsarme
del estado de la infancia
Vinieron vieron etcétera
Tenían órdenes estrictas
de sacarme a bofetadas
de lo hondo de mí misma
Yo no opuse resistencia alguna
Hoy mendigo por la cima
de mis propios ochomiles

Carmen Camacho

Cruz, Juan
A VOZ EN CUELLO
Políticos,
banqueros,
curas de atril,
cátedra o púlpito,
todos queréis
echarme de una vez
el lazo.
La soga,
sin embargo,
para el cuello
de los que se dejaron.
Yo, nosotros
aún tenemos voz.

 Juan Cruz López

 http://labandadeloscuatro.blogspot.com.es/

Escalera Cordero, Matías
MUROS MÁS ALTOS
A todos los que –hoy: al fin– se levantan y andan
Muros más altos levantaréis y no impediréis arribar
A las nubes que llegan del mar
Como buques cargados de sueños
Ni ocultar el despertar de los durmientes
Que se desperezan
Que miran y sienten apenas el deseo de la lluvia

Matías Escalera Cordero

Escarpa, Gonzalo
Poema de amor antiglobalización
Hablaba en un idioma muy extraño.
No sabía decir
cocacola.

Eximeno, Santiago
In Nomine Money
Por el sistema de alcantarillado del Paraíso
discurre un río sin nombre.
Un río de aguas negras
50% lágrimas de ángeles a comisión
50% líquido amniótico de bolsas
que contenían fetos hipotecados,
niños condenados a nacer vendidos.
Ese mismo río
(sumidero de crisis más fenicio que estigio)
alimenta bocas no de hambrientos
sino bocas de riego de las que brota agua fresca,
sostén de la economía sumergida
que alimenta la sobrevalorada vegetación del Edén.
Sistema de riego de llanto, carencia y muerte
que a Dios Nuestro Señor le recuerda
-no con lástima, sí con nostalgia-
el ERE que conllevó el despido de sus jardineros titulados:
Adán y Eva.

Santiago Eximeno

Falcón, Enrique
SALMO 23
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Por senderos tranquilos me conduce a la oficina,
sobre el miedo de los pobres me hace recostar
y derrama en mi cabeza perfumes y cosméticos.
Nada se le oculta, ni mi piel ni mis acciones:
Él las hace prosperar en los parques de la Bolsa,
bendice los desahucios desde el banco que dirijo
y proclama un nuevo tiempo en mis nuevas inversiones.
Su vara y sus escaños me dan seguridad.
Desde el parlamento, Él obra maravillas.
Protege mis caminos con rebajas fiscales
y aparta de mi vista las presiones del pueblo,
esa terca voluntad a democracia, ese demonio.

Enrique Falcón

García-Teresa, Alberto
Si existiera un ladrillo
que carcomiera el muro
como una termita de normas
y convencionalismos,
podríamos acoplarnos a la hilera.
Pero sólo
acrecentamos
su estructura.
Así que debemos continuar
celebrando las ausencias,
construyendo vacíos,
tejiendo deserciones
hasta que quiebre su equilibrio.
Es en esos huecos
donde brota la utopía.

Alberto García-Teresa

Gómez, Víktor
S O B R A Y F A L T A
«Nunca se logra mantener el equilibrio»
John Berger, Páginas de la herida
I
Un lugar de (r) ruido,
el pequeño rincón a la escucha
un casi puente, pero todavía
tabula rasa, la punta del habla
la punta de la lengua,
si quisiera llover esta vez
un lugar de ronca tormenta
y también la ligera lentitud
temblorosa
del caracol al escampar en la página.
II
Sobra la paz tus lagrimas el estiércol de La Paz oh, mujeres perdidas en los campos sobre la luz manchada de La Paz poblados murieron como pequeños rizos de mar (ola no navegable) el sobrante del día son espumas no la paz que se ahogó en mercados de productos básicos la partitura de los campesinos es de soja o maíz en las miserias el especulador la huella el sable oh coronel curtido en refriegas Sobre la sobra y la paz La Paz boliviana La plata que no engancharán tus hijos esos piojos sin padre Sobran desánimos y miedos: ¿acaso el viejo o el joven con solapas blancas -patrón de negritos e indios descalzos- no lo saben? cortando con su sable la verdacita verde verdiolvidada verdad sin borde y reseca como un hueso del fruto maduro quizá sea ya tarde para los tallos segados… ¿no lo saben?
por si supieras donde
en poco tiempo hemos peinado la vega
No traigas dinero trae sacos
para meter los restos calcinados de los campesinos rebeldes
(cita olvidada)
ni digas a nadie que hemos vuelto a por más
III
No hay más pérfidos inquisidores
que las palabras.
Blaga Dimitrova
en el diccionario
cada palabra es una sombra
que un tirano o una
huérfana
usarán para defender
su fragilidad o superar el miedo
(sesea) la libertad de la música
su fuga y sus multiplicidades
y reniega de los libretos en Las Óperas
de los Notables
de las batutas de los Directores de Orquesta
que saludan al palco de los grandes Señores
sombra o nota musical nunca guión
de teleserie balbuceo o fracaso jamás
el discurso del rey
silencio antes que elocuencia de spot publicitario
lo no suficiente ni la sobra tan poéticos (patético)
son poesía:
«libérate del éxito» el fulgor
ha eclipsado algunas estrellas
‘la noche con el día no tienen pared’
también del elitismo de la mudez

Víktor Gómez

Kaldmaa, Kätlin
niño soldado poeta
levanta su mano y el aire le obedece
el aire le sube a sus hombros,
le sostiene y quema
colombia besa su hombro
trieste acaricia su cabeza,
el niñosoldadopoeta levanta un kalashnivok en sus hombros,
coge del aire lo que la tierra no le da,
lo que la tierra manchado por guerra no es capaz de dar,
el aire le da verlaine,
el aire le da lorca y elytis,
el aire le da rumi
y aún no hay ningún fin para las palabras,
ningún fin para la guerra,
los dos siguen como lágrimas
en el corazón de la madre a la le que falta su hijo,
líneas negras en las almas de niños
que han aguantado dos guerras, amarradas como las espinosas zarzas
bordeando un camino en cinque terre: negro, maduro, jugoso,
sal-de-mar como las lágrimas de niños cuyos líneas de corazón son negras,
las comes y la mitad de la sangre de ojo del mundo acumula en tu tripa
corre en círculos por tu sangre, se reúne en tus riñones
para hacer fluir la adrenalina, hace que estés quebradizo
y roto como una muñeca sin cabeza ni brazos
levantado de una casa destrozado por una bomba por
una madre sin hijo
eres la sal pero no de la tierra
eres el agua pero no de la mar
eres la sal y agua de mil elementos químicas y un billón de conexiones neuronales,
cuyo felicidad entera se esconde en el hecho
de que alguna otro sal y agua y mil elementos químicas y billón de conexiones neuronales
no ha abusado de ti por tu mano o herramientas
ah, kalashnikov, esa pistola con nombre ruso,
bazooka, lo que sea que usaban en Vietnam,
no te ha tocado,
desde el bombardeo
no has buscado a tus amigos insomnes, muertos o vivos,
intactos o en trozos,
caminas, con la maleta en la mano,
de una terminal a otro
y eres una persona
sal y agua y un millón de elementos químicos y un billón de conexiones neuronales,
el ente más feliz del mundo,
con la posible excepción de las cicadas,
con todo tu dolor de espalda y depresión y una hipoteca de una eternidad,
el ente más feliz del mundo,
que ha emprendido la tarea de eradicar la cara de la tierra
fundiendo juntos el allá arriba con el aquí abajo
llevando el cielo a la tierra

(Kätlin Kaldmaa)

Traducción de Lawrence Schimel

Landa, Ricardo
¿DÓNDE ESTÁ LA CLASE OBRERA?
Sale del socavón
Colma de sol la Plaza
Corta la carretera
Con la fuerza del galpón
Con el ansia del recortado
Y con lágrimas de viudas
Ahí donde lo producido
Se iba a la olla del dueño
Lo toma digna del market
Alimenta así a su nido
Enciende luciérnagas de Sol
Y el ardor la hace gritar:
¡Minas de Asturias Minas del carbón
En Sudáfrica y en Coahuila
Enrojezcan minas mercuriales
Minas del cobre y del litio
Minas de oro toxina del territorio
Aquí está la clase obrera
Cagándose en casas divinas
y el plus harta el hambre del patrón!

Ricardo Landa

Linares, José María
MURO
«Otro muro crecerá entre tus manos
otro se elevará de tu cuerpo
luego tú también te elevarás
piedra espesa te elevarás
y te convertirás en el muro de ti mismo»
(Mohammed Achaâri)
Otro muro crecerá mañana,
allí donde los gestos sean incómodos.
Cemento, alambres, hormigón,
una nueva ley de extranjería
y un acuerdo entre ministros.
Desde la vergüenza hasta el delito,
la línea romperá cordura y ojos,
imparable,
partiendo la memoria en dos
y en mil los corazones.
El tiempo pasa, y la tragedia
se aparca, anestesiada, antes del postre
y los telediarios la mezclan con la moda,
el IPC y los estatutos,
mientras el muro también crece
hacia el olvido de los cómplices.
El cielo roza el muro con las manos,
firme, erguido,
implacable baluarte
de los reyes más tiranos de la Historia.
En la cima vive el grito,
la huella herida de una mano
y el fósil de una lágrima famélica.

VALLAS
La música del mundo es una lágrima
de viento malherido en los alambres.
La noche y su jirón de estrella y sueños.
La vida agazapada tras la hambruna.
La lira de países de oro y plata
se oxida con la sangre del anhelo.
Guitarras con guadaña dan acordes
de miedo, sufrimiento y abandono.
El mundo canta a coro sus miserias
en los anfiteatros de alambradas.
Se oyen ruidos en la noche…
Gritos y disparos a la luna…
Lamentos, oración y peticiones…
Y ese viento aullando de tristeza.

José María Linares

Luna, Luis
LOS OJOS HACIA ADENTRO
Para aquellas alumnas con todo aprecio
«Jamás vi a nadie que mirara
con ojos tan ansiosos
la pequeña tienda azul
que los presos llaman cielo,
y a cada nube fugitiva
que cruzaba con velamen de plata»
(Óscar Wilde)
¿Es que no ves la estaca a la que estamos todos atados?
(Lluis Llàch)

Miras y en tus ojos no hay. No hay barrotes, dices, nadie puede ponerle herrumbre a los ojos que miran hacia dentro. Y dentro sí. Sí hay aquello: piel, fulgor, árboles donde perderse y aire, sobre todo aire. Aire para respirar, para caminar, para sentir sin condena posible. Cierras, entonces, los pájaros que otros llaman párpados y caminas sin púa y sin alambre por un breve camino que conduce a la casa, a tu casa. Y en ella ya no hay puertas, tú lo sabes. Nada que encierre o que silencie.

Luis Luna

Maeso, María Ángeles
De todo se sale. Mira quién sale,
mira quién lo dice, mira cómo,
mira quién es se.
He soñado con gusanos
transparentes, gordos, inquietos.
Asomaban por mi hombro izquierdo
y por ahí merodeaban sin sentido,
como quien llega huyendo
como quien va a ciegas,
o dejado de la mano de dios
o sin saber qué hacer con sus anillos.
Eran puñados, algunos se empinaban
desafiantes aplastando masa desahuciada
y con su par de ojillos negros
parecían confirmar que de todo se sale.
El sueño acaba ahí porque llamaron del banco.
Soy yo, dijo mi hombro con su cero en flor.
Y ellos: De todo se sale.
¿Qué?

María Ángeles Maeso

Martínez i Ferrer, Antonio
…QUINCEVENTICINCOYSEGUIR…
ser y estar en los dominios
del capitalismoladron
que se organizan en bandas
de financierosgansters
y que son siempre apoyados
por politicosparanoícos
que controlan nuestra vida
con su burocraciaoscura
y nos timan y entretienen en
sus ventanillaspierdetiempo
y así día a día sin escrúpulos
nos van jodientotalmente
y por ello se levantan
el quince y el veinticinco
millones de cabreados
para aplastar a los ladrones
y apartar del parlamento
a todos sus lacayos
——
LIBERTAD-IGUALDAD-FRATERNIDAD
Hay palabras
que
de tanto ser golpeadas
han caído de las aceras
y
en la intemperie
del asfalto
son atropelladas
una y otra vez.
Un millón de años
elevando los tallos
y
hundiendo sus raíces.
Nada
les sirvió de ancla
ni
aladas burlaron
la sinrazón
que las destruye.
Los tiempos de la luz
se están estrechando
en este
vocabulario de alambradas.
La razón
está
a la intemperie
encadenada
y
hambrienta.
Me remito al sueño
de su liberación.
¿Me acompañas amigo
en esta
fría mañana
de las barricadas?

Antonio Martínez i Ferrer

Meléndez, Mario
MÁS ALLÁ DE LA GUITARRA
a Víctor Jara
Más allá de la guitarra
están las manos separadas de la patria
un sonido de alas que arde
y quema mis zapatos
una invitación a orinar sobre la tierra
con la semilla pura del canto
Más allá de la guitarra
la sangre dibuja una música violenta
y la cabeza del cantor se llena de agujeros
y de besos con olor a muerte
Más allá de la guitarra
los caminos lloran
la lluvia llora y cae de rodillas
porque el hijo de la tierra
no completará sus pasos
Más allá de la guitarra
más allá del estallido
que apagó los corazones
más allá de este poema
y con la herida inolvidable
de un tiempo inolvidable
los ojos buscan a Víctor
más allá de la guitarra
y de la patria
……..

LA LENGUA HABLA A TRAVÉS DE SUS RECUERDOS

No tiene pelos en la lengua porque no tiene lengua

se la arrancaron

como a esos bueyes que surten los mataderos

y llevan polvo en las axilas

Pero la lengua habla a través de sus recuerdos

se comunica en el idioma de los muertos

a quienes tanto debemos

se hace entender a cucharadas

como esos árboles que mueven las ramas

para decir presente

La lengua habla aunque se llene de hormigas

aunque se pudra y ya no sea la misma

sigue cantando o ladrando o haciéndose a un lado

para que se oigan más fuertes los gritos del silencio

Mario Meléndez

Molino, Alfonso
UN NUEVO DÍA
Ya se percibe el rumor sordo de las gaviotas,
su frágil vuelo en la tarde distante.
Celebran juntas, en la penumbra creciente y
sobre la arena tibia, la luz que en el mar
se desangra. Abren sus picos dejando escapar
un graznido desesperado, el hálito de la libertad en retirada.
Cada noche el ritual se repite, el fin se materializa
en una oscuridad que las inmoviliza.
Hermanadas en el desastre cotidiano,
esperan ansiosas un nuevo día, una luz
recién lavada que desentumezca sus alas.
Bajo un roble arrasado por el tiempo
suelo mirarlas cada tarde, con los ojos
del niño fascinado ante una belleza desconocida.
Ellas son la esperanza del mundo,
el deseo inaprensible de lo vivo,
la fuerza irreductible del vínculo.
Vuelvo sobre mis huellas, echando la
vista atrás a cada paso.
Me gusta ver sus siluetas impertérritas
a medida que me alejo. Su espera paciente
con la mirada fija en el horizonte.
No rindiéndose jamás.
LARGA ESPERA
Hoy siento la vida como un zarpazo. Un gancho brutal
directo al hígado. Una ejecución sumarísima.
Soy un cadáver aterido de frío. Un espejo
que chilla en el ocaso. Un pozo que aúlla.
Avanzo a tientas por mi jaula, sigiloso y confiado.
Palpando el áspero temblor de los barrotes.
Oliendo el rastro nauseabundo de la pólvora.
Aquí dentro la luz es una piedra. Un amasijo
de piel y de excremento. El sabor a tierra
de una tumba que cabalga.
Todo se precipita. Afuera aún resuenan los disparos.
Cada impacto es un desierto. Un desierto que me abrasa.

Alfonso Molino


Muñoz Álvarez, Vicente
PRIVADO
No desistas todavía
no te rindas
no abandones
no te dejes vencer
cuando te ofendan
grita fuerte
cuando te golpeen
no apagues la luz
no alimentes con tu sangre
el furor de los necios
hazles frente
escúpeles aráñales esquívales
que tu cuerpo sea
tu exclusivo templo
tu hacienda privada
tu rincón de luz
protégelo defiéndelo
dale placer
expulsa al invasor
de su dominio
no escuches a los cuerdos
sé tu propio rey
sigue tu propio camino
busca sólo en tu interior.
Será,
frente al poder,
tu más grande victoria.

GUN CRAZY
a David González
Poco queda ahora
de lo que antaño fui:
el niño fascinado
el adolescente inquieto
el joven rebelde
el amante cautivador.
Las baldosas del camino
ahora son negras
blancanieves se hizo bruja
la bella durmiente
ahora es burguesa
la luna de miel
se ha terminado
el hechizo finalmente
se rompió.
Los niños envejecen
en sus casas
la traición aflora
en cualquier gesto
babilonia alienó
a los hombres libres
todo es simulacro y mentira
recuento y oxidación.
Queda ahora sólo
una guerra
esta trinchera
el corazón
del mundo a tiro
y un revólver listo
para disparar.
Desterrado
pero no vencido
humillado
pero aún sin dueño
me encontrará
al amanecer
el amo
sin postrarme
ante nadie
en mi puesto.
—-
COLA PARA GENOCIDIO
a Peter Jensen
ahí van
de la mano
como ovejas
para el matadero
en fila india
confundidos
desilusionados
ciegos
víctimas
del consumismo
del capitalismo
del desempleo
ahí van
como ovejas
de la mano
para el matadero

 Vicente Muñoz Álvarez

http://mividaenlapenumbra-vinaliatrippers.blogspot.com.es/

Otero Roko, José Ramón
DE LA PALABRA ME MORÍA
Si pudiéramos volver no al lugar ni al tiempo
sino a las personas que fuimos
en aquella dirección, en cierto sentido, hasta ellas,
si nada es lo que se vuelve ni lo que regresa,
ni parece haber partido, haberse roto, verse
en dos mitades palabra por palabra: el poema
fue la vida siempre antes que el presente.

José Ramón Otero Roko

Pérez Cañamares, Ana
CAPITALISMO
El hombre seboso y trajeado se cuela en nuestra cama cada noche
después de follarse al universo viene a susurrarnos nanas
su obsesión por nosotros no descansa nunca
en nuestros sueños nos persigue
con su disfraz de perro, de vendedor, de cura
de espiga de trigo, de pistola en el bolsillo
su disfraz de muerte, su disfraz de vida
sé que tú le gustas con ojeras
yo le pongo cachondo cuando estoy cansada
con la voluntad suspensa
me quiere flaca aunque me tienta con chucherías
y a ti elegante aunque te duelan los huesos
me empuja a emborracharme pero no por diversión
sino para olvidar
que mis horas de ocio se cierran siempre con balance negativo
cuando estamos a punto de enfermar por agotamiento
nos premia con unas vacaciones
y nos tiende los billetes como el cazador
lanza un hueso al galgo que ahorcará mañana
me instiga a desear cosas que no necesito
aunque él nunca tiene para mí un regalo
dice que mis enemigos son aquellos
que quieren lo mismo que yo
porque no hay bastante
nunca hay bastante para todos
y nos cobra por lo que es nuestro
por el agua de lluvia
por el sol y la arena
por los claros del bosque
y los manantiales
secuestra a mi amor durante 10 horas cada día
y cada día me lo devuelve más viejo
con sus brazos lascivos abraza a mi hija
y yo grito ¡huye!
-he visto los primeros signos de rendición
en su rostro inocente-
pero no sé mostrarle la puerta de salida
y más que mi felicidad, lo que a él le preocupa
es atisbar en mi cara un rastro de consuelo
que me permita llegar hasta la próxima tregua
cada día me pone café en los labios
para que aguante, y luego una pastilla
que me aplaque los nervios, para que descanse y duerma
mientras él sigue haciendo conmigo lo que le viene en gana
(a veces se tumba sobre mí y yo con los ojos abiertos
miro al techo, y si se da cuenta me dice
que ya va siendo hora de pintarlo)
envenena la comida con que me alimenta
me prohíbe fumar mientras engorda mi ansiedad
y me quita los chupetes que podrían consolarme
provoca mi llanto
y después me obliga a maquillar las señales de la tristeza
si me pongo rebelde, ríe paternalista
cuenta que él también pasó por esa época
y mi rebeldía la rebaja a moda
que luce en camisetas los sábados por la mañana
cuando sale a comprar los cruasanes y el periódico
él me da detalle de cada asesinato, de todas las guerras
de las violaciones y los golpes de estado
pero tanta información me deja sorda y ya no escucho
los crujidos ni los llantos en voz baja
las señales del desmoronamiento
y él calla que cada muerto, cada herido
las mujeres violadas y los que sufren torturas
todos recibieron su visita antes de convertirse en lo que son ahora
se zafa de las culpas con promesas
pero yo sé que una palabra suya
bastará para condenarnos
y si desaparece es para espiar a salvo y oculto
en los bares, en los hoteles, en los baños, en las celdas
tengo que darle las gracias porque
¡tú eres una mujer moderna!, grita animoso
de las que habla inglés, trabaja en casa y en la oficina
va al gimnasio y aparenta menos edad de la que dice el dni
tienes nociones de pedagogía aunque apenas veas a tus hijos
y además fuiste bendecida con una vocación
para que puedas sentirte mejor que otras
(y yo callo que yo no quiero ser artista
si eso va a convertirme en diferente
porque ya me siento lo bastante sola
y no quiero competir en más carreras)
si muestro debilidad, susurra, todos querrán aprovecharse
(como si él dejara algo para los otros)
mejor será que despliegue arrogancia
(con todos menos con él)
de todo me habla pero no de quién recogerá los restos del naufragio
ni en qué lugar nos reuniremos los náufragos para organizarnos
para hacer un fuego, compartir la comida y quitarnos el frío
aunque antes hay que hacer acopio de fuerzas
para no abandonarse cada uno en su rincón
Un día, no sé cuándo, yo le voy a cobrar
sus cadáveres, las humillaciones
el secuestro de la inocencia
el expolio de los sueños
yo le voy a cobrar, no sé cuándo
y la primera puñalada que le voy a meter
va a ser por las caricias que no nos dimos
por los polvos que no echamos
tú y yo
cada vez que se cuela en nuestra cama
y nos dice que mañana, mañana, mañana
mañana el despertador sonará a las 6.30
y veinte minutos de sueño
nos harán mejores soldados a su servicio
Te lo juro, mi amor. Una puñalada
por cada polvo que nos robó
y luego ya el resto, por los presos, por los indigentes
por el dolor que no merecemos sufrir ni ver
por los campos arrasados
por los animales que se hacinan
por los niños que trabajan
por los ojos que se cierran por el cansancio y la muerte
por el tiempo que no volverá
por la vida que nos robaron
por la vida
mi amor
por la vida.

Ana Pérez Cañamares

Pérez-Sauquillo, Vanesa
Los ambulantes han sido expulsados.
Los que ven en la niebla de las uvas
los caminos secretos de la luz.
Los que encienden las cabezas de paja
y enredan las aldeas
donde la muerte se pasea y susurra.
Los que viven de lo que no se toca
y tocan todo aquello que dice
«no tocar».
Los que adornan con lazos
los carromatos de miseria.
Los que plantan espirales de humo
por los nidos vacíos de los bosques.
Los ambulantes.
Viven en el anillo
que solo las urracas ambicionan.
Cantan la madrugada de madera.
Lloran por las plantas que mueren,
lloran por las plantas que nacen,
todo lo que está vivo
que duele y vive cerca o lejos
de ellos.
Ellos, los ambulantes,
los mismos, los diferentes
han sido expulsados.

Vanesa Pérez-Sauquillo

Popelka, Roxana
ASÍ ES COMO VIVO MI VIDA, ¿CÓMO LA VIVES TÚ?
A veces, como hoy, confundo
Birmingham con Madrid
Birmingham y Londres
Londres con Madrid
Madrid y Estambul.
Hay días (a veces)
en que me gustaría ignorar mi pasado
nada indecente, nada, una mancha en la pared
por si acaso y saltar en la cama
como Tracey Emin
la Young British Artist que dice en una entrevista:
“Soy una alcohólica
neurótica, psicótica.
soy una quejica obsesionada conmigo misma
pero soy una artista”.
Mientras tanto Tracey sostiene
un buen puñado de billetes en su entrepierna y titula su obra
LO TENGO TODO.

Roxana Popelka

Rafael, Iván
RECUERDO LA DEMOCRACIA
Recuerdo la democracia como un día de fútbol.
Las alineaciones.
Los pronósticos.
Las quinielas.
Las discusiones en la barra del bar.
Las colas de las taquillas.
La radio dando los resultados.
Las ruedas de prensa.
Las lágrimas.
Las banderas.
Recuerdo la democracia como un día de fútbol.
Y los lunes sin haber tocado bola.
Y los lunes jugando en otra Liga.
Y los lunes
con ganas de saltar al césped
a darle patadas
a una urna.

Iván Rafael

Ramos, Pepe
ADN
La más nociva y curiosa especie
es el homo sapiens.
Extermina
o
canoniza
con idéntica pericia.
Su casta domésticamente salvaje
le impulsa a matar.
Repta
e
intenta
a la vez despegar
y perpetuarse en un más allá.
No se cree animal
y aspira
a
ser dios
ya que humano no es.
Se reproduce por ganas de joder.

Pepe Ramos

Santaella, Ana Patricia
LOS USURPADORES
Los que se fueron de vacío,
aliándose a las águilas
o a los lobos.
Impuros serán para los restos.
Os devoraron
con la trémula sed de la codicia,
con la usura maldita de la sangre.
Os despojaron
de la saliva sagrada de las fuentes,
del cotidiano afán de la utopía.
No pidieron jamás permiso,
no mostraron
palabra arrepentida.
Innobles atesoran,
un aterrador hueco sin memoria,
un jardín de rosas extinguidas,
un oscuro y enrevesado laberinto.
Los que se fueron de vacío,
son seres descarnados,
bestias tremebundas,
insanas alimañas
escuálidas sombras.
Los que fueron de vacío,
impuros son
y serán para los restos.
Indefensos quedarán
con un estruendo
implacable de condena.

Ana Patricia Santaella Pahlén

Santamaría, Conrado
TARDES DE CIRCO
Se acabó la fanfarria y de repente,
sostenido en el aire,
un redoble marcial con pantomimas
reorganiza el fervor entre las gradas.
Crece y crece el tambor sin memoria o mañana,
crece a jugos la sombra,
la entrega de los pulsos,
el fatal estandarte de la pista.
Bajo la luz del foco
el domador
ordena, disfruta, se atusa los bigotes.
Nunca sabrás,
oh, respetable,
oh, público sin tacha,
desde dónde te aprontan el instinto,
desde dónde consientes con el aro y la fusta.
Flexible y generoso,
amagas en tu asiento,
junto al manso león
de las garras tundidas,
el gran salto mortal entre las llamas.
Y se hincha la carpa hasta otra tarde
de vítores, delirios, reverencias.

Conrado Santamaría

Solís Munuera, María
LOS NIÑOS DE FRAU RIEFENSTAHL

hasta las vacas fuimos

sin saberlas allí, lentas, rumiando

mediodía, doradas, casi enterradas

Olvido García Valdés

———————————

Los niños de Frau Riefenstahl

recorren la Gran Vía

después de medianoche.

Forman un ejército

de fascistas hermosos,

una imagen

cinematográfica:

han salido a su madre.

Ya han llegado a Callao y desde allí

descienden

hacia Plaza de España,

hacia nosotros.

Únicamente conversamos

cuando se empieza a oír

la marabunta,

cada vez más cerca, más sonora.

Como si hubiera un cambio de rasante

antes que el cuerpo

ascienden las cabezas

proporcionalmente grandes y melódicas,

con la tuerca que sostiene la sonrisa

de los pequeños caballos del tiovivo

al que Leni las lleva los fines de semana

si son buenas.

Visten ropa infantil,

pero es visible

el futuro perfecto de sus cuerpos:

uniforme prusiano,

dentadura mariana,

los pómulos

del primer indoeuropeo,

el nadador macera

los músculos por Roma,

el bálano por Roma,

la saliva espera dentro de los labios,

controlada.

Sonríen

por estas intachables y prepúberes

poluciones nocturnas.

Marchan en perfectas filas y columnas

ocupando de un extremo a otro de la acera

ensanchada por la Ciencia Política

para que entren veinte niños de Riefenstahl

por línea:

delante, los arqueros,

les siguen los jinetes,

los rumiantes,

los tanques bíblicos,

en el centro

la gran mamá nocturna,

(la mamá que mastica,

la mamá-solitaria),

atrás,

las hienas

con la histeria estomacal de la ironía.

Lo primero que se oyen son las botas y las voces.

No sólo cantan,

no se animan con respuestas de entrenamientos militares

no lanzan proclamas al unísono;

cantan, se animan y proclaman

todo junto

porque al rato son pájaros,

gritos de pájaros chocando contra rocas,

gritos de alerta,

de victoria

que avistan a la presa,

sonando desde ojos que miran siempre al frente

y no nos atrevemos a movernos.

Estas aves

levantarán el vuelo

cuando corramos.

Jóvenes promesas

de la solución,

se suben a la cama de su padre

si habla en sueños,

pegan su oreja de ternera a nuestros labios.

Querubines, proporcionales áureos,

desde su altura alada

ven niños africanos

con hígado inarmónico

y caen.

Y nosotros,

tan feos, rompefilas,

es necesario auparnos

para alcanzar la mesa de Mengele.

(¿Podríamos escapar?: Viene, olímpica, América,

con la capa y la antorcha

y la parte de atrás del autobús).

Estos ángeles

del multiplicador de la eficiencia

y del aparato digestivo

aparecen en época de hambre.

A los enfermos

los llevan hasta el campo

para enterrar, como la vaca, medio cuerpo.

Ella conoce la montaña,

la mira cada día de cara a la pared.

Allí rebosa el arca.

Han venido a salvarnos.

Hemos sido mujeres

asociales,

sin patria ni cultura,

mujeres que follan a horcajadas.

Somos aquel ladrón.

Hemos rezado

rodeados de vidrieras

en la licorería.

Probamos la mordida

del ácido en la placa de metal.

Nos procesan

por la mística después de medianoche

en los lavabos públicos.

Es inútil correr,

guarecerse en los bares

-buscar las bondades del serrín-

o en los aparcamientos

-el brazo subterráneo-

ya lo habíamos visto en las películas:

las aves se entierran en cristal

y abren el paso,

hay leones romanos

en el túnel.

Se produce una estampida controlada.

Moriremos bajo unas botas del 14.

Ellos se ocuparán de nuestro estómago,

el mismo que nos crece cada día,

el mismo que devoran cada noche.

Podemos ver la máquina

que enjabona y enjuaga

el pavimento.

Cuando amanezca,

la calle será blanca.

María Solís Munuera

Trashumante, David
Tócame

Stranger, if you passing meet me and desire to speak to me,

Why should you not speak to me?

And why should i not speak to you?

 

Walt Whitman

Si nunca viajarás a New York

y piensas que la libertad es una estatua.

Tócame.

Si debiste dejar tu país para buscar trabajo

y llegaste a otro que directamente te dejó de lado.

Tócame.

Si llueve y el cobijo es un niño que se esconde

y el frío se convierte en tu mejor amigo.

Tócame.

SI TODO SE HUNDE TÓCAME.

SI NADA FUNCIONA TÓCAME.

SI ALGO NO MARCHA TÓCAME.

SI ESPAÑA VA BIÉN TÓCAME.

Si te dan miedo los cocodrilos,

te asustan los hombres como sapos,

te duermes con todos los documentales.

Tócame.

Si tienes que identificar un cadáver,

si tu sueldo no te llega ni para pipas,

si te enganchas a los programas del corazón.

Tócame.

Si a la diestra del padre tan sólo encuentras

pañales cagados, si la nave va

pero nunca quisiste ser marinerx,

si sudas como un yonki los domingos sin fútbol.

Tócame.

SI NADIE TE ENTIENDE TÓCAME.

SI TODO TE ENCIENDE TÓCAME.

SI SIEMPRE FRACASAS TÓCAME.

SI TE SIENTES UN PARIA TÓCAME.

Cuando tocas los nervios helados de las manos

arden.

Cuando tocas el corazón es un jade que palpita

en tu boca.

Cuando tocas eres un espejo que te refleja

infinito.

TÓCAME, TÓCAME.

Si ser madre es lo mejor que te ha pasado en tu vida,

si aquel chico tan educado te ha denunciado por despreciarle,

si te expropiaron la casa y ahora deambulas por un barrio extraño.

TÓCAME.

Si ya toda tu familia está muerta y tú respiras solo

en una residencia de ancianos. Si de joven

fuiste un cabra y tu cerebro alberga las secuelas.

Si estas harto de bip bip de los supermercados.

TÓCAME.

Harto del bip bip de los hospitales

de lxs niñxs en los orfanatos como perrxs abandonadxs

en las urbanizaciones, de la Votos perdidos,

de las Bulas papales, del Terror, la crisis, el Apocalipsis

la Pandemia, la Hambruna, la Globalización,

el Cambio Climático, de que cierren uno a uno

todos los locales de tu calle.

TÓCAME.

PORQUE LOS POETAS NO SOMOS UN HOLOGRAMA,

PORQUE LOS POETAS ESTAMOS EMPACHADOS DE COMER

GUISO DE NUBES, CON PAN DE ROCÍO Y AGUA EN ORQUÍDEAS,

PORQUE LOS POETAS SOMOS TAMBIÉN GENTE, COÑO.

Que sufre por todo y hablan a todxs

con el agradecimiento de que unx sólx los escuche.

Los poetas somos tú y la poesía es de todxs.

Un derecho reclamable como el agua, la libertad

el trabajo, la felicidad, la educación…

RESPÉTATE

SIN TI

LOS HUMANOS DEJAMOS DE SER CIUDADANXS

PARA CONVERTIRNOS EN ACCIONISTAS. SIN TI

TODA INJUSTICIA SE PERPETUA.

CA

ME

(x7 cada vez más rápido)

¡NOS TOCA!

(David Trashumante)

www.davidtrashumante.blogspot.com

Vega, Ana
LA CUERDA
Hay cuerdas
colgando
del cielo.
Preparadas, listas,
para encajar
cabezas
con un nudo.
Hay cuerdas
que se convierten
en soga
y
cuerdas invisibles
que anudan
las manos.
La cuerda
luce
recta
hacia
abajo
desde
el cielo,
esperando
el momento
exacto
en que los ojos,
en búsqueda
desesperada,
alcen
su última
oración
hacia el techo
y justo
entonces
no hallen
más respuesta
que el hueco
que les ofrece
limpio,
intacto,
la cuerda
suspendida
en el aire.
La nada
que permanece
invariable,
aquella
que cubre
cabezas
con su manto
blanco.
Firmemente
anudado
tu cuello
entonces
a la eternidad.

LA MENTIRA
No saben.
No entienden.
Ellos. Los que gritan fuera,
los que no escuchan.
Aquéllos que se empeñan
en cerrar los ojos
ante la mentira.
La verdad del hombre
duele demasiado.
El hombre se convierte
en hombre
cuando decide
seguir sus propias normas.
Ningún dios
puso sus manos
sobre ningún
niño herido
nunca.
La peste de este siglo
es la ceguera
que todos
nos imponemos
cada día
para salvarnos.
No hay dignidad
en eso.
No hay dignidad
en tragar saliva
y seguir caminando
como si nada.

EL FINAL DEL CUENTO
[en homenaje a Inés Toledo y su libro El final del cuento]
A veces
tengo sensación
de batalla perdida,
de general
con hombres muertos
a sus pies,
con manos ensangrentadas
pero inútiles…
Cansancio acumulado.
Elaboración de tácticas
y estrategias
estudiadas con precisión
de bisturí
y a las que siempre
vence
el caos
del mundo
más cotidiano.
A veces
siento
que ni los cuchillos
más afilados
logran
cortar bien la carne.
Siento que poco
o nada
tiene sentido.
Y sin embargo,
en contadas ocasiones,
veo con claridad, exacta,
de halcón
desde las alturas,
como la verdad
vence al cobarde;
cómo el triunfo
está asegurado
desde el principio
para aquéllos
que se mantuvieron firmes,
los locos, los salvajes,
los que no se dejan domesticar:
los más cuerdos
entonces.
Y sé que noches de cuchillo
y ruido ensordecedor
les preceden,
espinas bajo sus pies,
clavos ardiendo
siempre
en sus manos
y muñecas rotas.
Al final
del cuento
la paz
llega a los ojos
del indómito
con la facilidad
con la que el cielo
abre sus puertas
tras la tormenta.
Benditos sean
aquellos
que han logrado
sobrevivir
al desierto.

“Hay que administrarse muy, muy bien”.
Y la madre señalaba con el dedo índice
el ticket de la compra,
el precio exacto del pan
que la niña ingiere.
Ésta sufre un leve atragantamiento
al sentir el peso de las monedas
en su garganta.
“Hay que administrase muy, muy bien”.
Y también el tiempo,
el que dedica ese padre y esa madre
por dar de comer al hijo
y exigir que éste
pague con su sangre
este beneficio
extraordinario.
Jamás en ningún animal
ni ninguna especie más que la humana
se ha visto
esta exigencia infinita y atroz
que convierte el cordón umbilical
en una especie de pacto con el diablo
o tal vez hipoteca bancaria.
La niña, el hijo, ambos
siguen contabilizando la felicidad
en aquello que pueden comprar.
Tal vez alcen la voz
para pedir el importe exacto
en monedas
de todo el sufrimiento acumulado
que ese padre y esa madre
provocaron al darle vida.
Algo que ellos nunca
les han tenido
en cuenta.

Dolor de mandíbula
de morder hacia dentro.
Cicatrices que el agotamiento provoca
en los brazos
-también el vientre una sola vez-.
Cansancio,
palabra oleaje,
turbia, agua sucia.
Ella dice:
“Todo lo que tienes lo heredaste
de las putas de tu padre”
Y nada más.
Sentir esa antigua herencia
tan arraigada
que te perfora
y quizá explica
cierta marca entre las piernas
u hostilidad en el rostro.
Atada pues de por vida
a la miseria y las ratas
pero nunca a la mansedumbre.

Ana Vega


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